Actualmente lo único cierto es la incertidumbre, gestionar la incertidumbre es una capacidad necesaria en una sociedad interconectada, donde nada es estable, donde todo cambia en cuestión de segundos, donde hemos de ser capaces de distinguir lo que se puede controlar o no y así tomar decisiones correctas. La gestión de la incertidumbre requiere la comprensión de múltiples factores y la toma de decisiones con alto grado de variación o corrección. Lo que no podemos es querer gestionar la incertidumbre con la improvisación, que es la capacidad de adaptarse a las circunstancias, porque todo objetivo requiere de un plan previo. Dejar todo al compás del azar, actuar por puro impulso o esperar a que se sucedan los acontecimientos, no es gestionar. 

Igual que no se ve bien visto, que las personas tomemos decisiones incorrectas, aunque todos nos podemos equivocar. Los políticos son los responsables de anticiparse, de analizar y de tomar medidas ante la gran parte de la población que se ve obligada a convivir con la incertidumbre. Buscamos seguridad ante esa infinidad de impactos a los que estamos expuestos, que pueden modificar nuestras decisiones, cuando aumenta el grado de perplejidad, nos sentimos inseguros sino encontramos respuestas a nuestras preguntas. La actual pandemia y la incertidumbre nos ha cogido a todos de sorpresa, hemos pasado de un estado de alarma a una desescalada asimétrica de la crisis sanitaria y medidas especificas, según la particularidad de cada autonomía, pero sin saber gestionar la incertidumbre.

Ante la extensión y peligrosidad de los rebrotes de coronavirus en diferentes comunidades autónomas, se buscan fórmulas para que la situación no se descontrole, se hacen llamamientos a la responsabilidad individual y a los confinamientos voluntarios, se refuerza la obligatoriedad del uso de la mascarilla y se crean normas para reducir horarios en el ocio nocturno. De momento, las medidas voluntarias no funcionan y continúa el crecimiento de las transmisiones comunitarias de la enfermedad. No se ha sabido prever que podía haber rebrotes, no se ha reforzado la vigilancia epidemiológica para evitar el aumento de casos de la Covid-19. La incertidumbre no se ha sabido gestionar y puede acabar de nuevo en caos…

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