España es un país donde la Iglesia católica siempre ha gozado de un estatus de relevancia social, de prioridad y de cierta inmunidad respecto a otras religiones.Parece que aún a pesar de haber pasado 44 años de la muerte del dictador, la Iglesia católica sigue presente en la sociedad: en inauguraciones,  en entierros oficiales, en actos militares que se confunden con la iconografía religiosa, en escuelas impartiendo clases de religión, en eventos religiosos que se convierten en costumbre y que condicionan nuestro calendario. En definitiva, sigue presente en la vida de muchos españoles y españolas, algunos creyentes y otros que no la profesan, pero siguen guardando y respetando ciertos comportamientos que están más cerca de la religiosidad que de la laicidad.

Con la Constitución del 78 se pergeñó un modelo de Estado aconfesional, proclamando en su artículo 16 la libertad ideológica, religiosa y de culto y afirmando que «ninguna confesión tendrá carácter estatal». Pero, no se quiso  establecer un modelo laico, en el que el Estado se mostrara indiferente a lo religioso, sin discriminación alguna de libertad de creencias. Si la Iglesia llevó a Franco bajo palio durante cuarenta años y se convirtieron los monjes en su guardia pretoriana después de su muerte en el Valle de los Caídos, ensalzando su figura y su obra, haciendo en definitiva apología del franquismo a través de la religión, ya es hora de acabar con esta anomalía histórica.

La Iglesia está en manos de estos delegados de Dios en la tierra, que no quieren respetar las leyes de los hombres, que desoyen las decisiones tomadas por los tres poderes del Estado y que prefieren defender a un dictador, creyéndose con una falsa inmunidad. La exhumación de Franco, no la puede prohibir un prior de la basílica del Valle de los Caídos, el debe de acatar la sentencia del Tribunal Supremo y la Iglesia en general, debe de entender que debe cumplir las leyes terrenales. Porque en definitiva, somos todas las españolas y españoles los que independientemente de nuestras creencias, contribuimos a financiar la Iglesia Católica y a que permanezcan con muchos beneficios.

Si nosotros como ciudadanos respetamos la libertad de conciencia, la Iglesia católica debe de respetar que un dictador no puede ser objeto de veneración, admiración y apología en un monumento de exaltación de una dictadura.Han pasado demasiados años, sin tomar una decisión que avergüenza, el perpetuar la memoria de un dictador y el olvidar a más de 34.000 victimas entre sus piedras y a la espera de su identificación y exhumación. La Iglesia tiene que ser piadosa con esos miles de personas y entender que no es lugar ni para Franco ni para José Antonio Primo de Rivera. La inmunidad de la Iglesia de poder hacer lo que quiere, debe de acabarse ya…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *