El 1 de mayo es un día de carácter reivindicativo para defender nuestros derechos como trabajadores, un día para: exigir, luchar y reivindicar nuestro derecho al trabajo. Cuando todo el mundo habla de la Constitución, muchos se olvidan del Artículo 35.1 que dice: “Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo.» Si no se vulnerara los derechos recogidos en el artículo 35, no habría desempleo pero tampoco trabajadores olvidados.

Estamos acostumbrados a convivir, en nuestro día a día, con trabajadores y trabajadoras que ignoramos, que tratamos con displicencia, que hacen esos trabajos esenciales por sueldos miserables, jornadas maratonianas, inestabilidad, altos ritmos de trabajo, sueldos de miseria, que discriminan a mujeres y personas de origen extranjero. Todas esas personas que se enfrentan cada día, a lo que los demás no quieren hacer, los encontramos, las encontramos haciendo labores del hogar, cuidando de nuestros hijos y de nuestros mayores, en los supermercados, haciendo funciones de limpieza, repartidores, becarios, vigilantes, teleoperadoras, camareros…

Cuando estamos rodeados de personas que sufren la precariedad, la falta de empleo de calidad, la contratación temporal y parcial fraudulentas, las horas extraordinarias no pagadas, trabajando en actividades estacionales como la agricultura, el turismo o el ocio. Y, ademas que si eres joven o mujer estás aún más discriminado y olvidado. Donde los empresarios explotan, se aprovechan de la coyuntura, donde sus prácticas empresariales consisten en ganar dinero a costa de reducir el coste laboral. Sin olvidar que todas esas personas solo reciben, normalmente, desconsideración, indiferencia y exigencias por parte del público. A  la gente, en general, se nos olvida un poco de empatía, de poner una sonrisa, de pedir las cosas por favor o de dar un gracias.

Todo esto lo podemos hacer extensivo a los médicos, a las enfermeras, a los auxiliares de enfermería que algunos han querido convertirlos en héroes en esta crisis sanitaria y que nunca, como todos esos trabajadores olvidados que están en todos esos puestos esenciales, nunca han tenido ningún signo de solidaridad, ni de agradecimiento. Que solo son visibles a la opinión pública cuando alguno comete un error o sufre un accidente. Hoy 1 de Mayo, me gustaría reivindicar la función indispensable de tantas personas, que sin su trabajo no funcionaría esta sociedad y que siempre han sido invisibilizados, que pueden agradecer un aplauso, pero que les preocupa más su situación actual y su futuro… 

2 comentarios en “Los trabajadores olvidados son esenciales.”

  1. Son muchos los olvidados y olvidadas que están presentes a lo largo de nuestro día a día, más olvidados y olvidadas que presentes. No son invisibles porque los vemos, aunque muchas veces no les miremos. No solo son los marginados, los migrantes, las personas sin hogar, las maltratadas,… Los olvidados son esas mujeres y hombres que hacen cosas por nosotros, que siempre están ahí, que tienen contratos precarios o que trabajan sin contrato, que perciben sueldos ínfimos y hacen jornadas sin fin, que aún trabajando no les llega a fin de mes, que hacen lo que los demás no quieren hacer. Donde son las mujeres, los jóvenes y los grupos excluidos de la sociedad los más perjudicados.

    Personas que se han convertido en los nuevos esclavos de la sociedad, en una casta de parias que trabajan y viven en la discriminación para que funcione la sociedad. Vivimos en una sociedad profundamente injusta y desigual, hemos perdido la oportunidad de tener los mecanismos económicos y sociales que permitían a las nuevas generaciones progresar respecto a las anteriores, es decir, que como hijos pudiéramos aspirar a un mejor futuro que el de nuestros padres, el ascensor social se ha parado. El sistema está condenando a muchos a vivir en la precariedad, a tener que conformarse con esos empleos que les convierte en olvidados social y económicamente.

    Estamos en tiempos de frustración, donde las oportunidades son para unos pocos, donde hay pocas oportunidades de encontrar un trabajo que te permita dejar de ser pobre, donde se ha dejado de creer en el esfuerzo y se ha pasado a pensar que solo la suerte les puede hacer cambiar el futuro. Si una persona tiene la mala suerte de nacer en un entorno familiar y social en el que hay desempleados, tiene muchas probabilidades de acabar en el paro. La sociedad te hará prisionero del sistema, de ser más individualista, de consumir por consumir, de estar cada día más hipotecado y menos libre a poder escoger.

    Si te preguntas ¿por qué no te aplauden a ti? La respuesta es muy sencilla, porque perteneces a ese entorno de los mileuristas o menos, que tienes una elevada temporalidad, una parcialidad involuntaria, un sueldo de miseria y un alto ritmo de trabajo, que eres parte de esas personas olvidadas pero totalmente necesarias: trabajadoras del hogar, vigilantes, dependientes, cajeras de supermercado, teleoperadores, camareras de piso, repartidores, camareros, auxiliares de servicios, auxiliares a la dependencia, trabajadores de restauración rápida…

  2. Cuando la necesidad es lo más importante, cuando necesitas dinero para llevar a tu casa, cuando tienes pagos que hacer, deudas que pagar o hijos que alimentar, se te olvida reclamar los derechos laborales. Te da igual el tipo de contrato, la jornada laboral, si es una empresa o una ETT, tu sueldo o si te pagan en B. Firmas el contrato con un documento online y te despiden por WhatsApp, de manera gratuita y sin indemnización. Se fomenta la competitividad entre los trabajadores, tienes secuelas en la salud debido al estrés y por la presión de tiempo y acumulación de trabajo. Si protestas,te dicen que la puerta es grande y sabes que quizás, ese trabajo es el mejor que puedes encontrar o no. Generalizar es equivocarse, seguro que hay personas que están satisfechas con su trabajo, pero la mayoría trabajan sin motivación, sin ilusión y por supuesto por muy poco dinero. Hay algo que une a todos los trabajadores y trabajadoras necesarias, la precariedad en un contexto permanente de crisis económica,

    Tenemos la suerte de vivir en el Primer Mundo, pero somos pobres, aunque tengamos un trabajo. Somos prisioneros del consumismo, rehenes de las deudas, trabajamos para comprar cosas o servicios que nos crean la necesidad artificialmente. Nos rodean grandes bancos, energéticas, telefónicas, constructoras, aseguradoras, empresas informáticas o de comercio electrónico que forman un capitalismo feroz, en que lo más importante son los beneficios, por encima de las personas, de sus sentimientos y de sus necesidades. Votamos una vez cada cuatro años y muchas veces nos quedamos en casa sin votar. Hemos perdido la rebeldía y las ganas de protestar, nos hemos vuelto conformistas, más independientes, menos solidarios, quizás porque preferimos tener el nuevo smartphone a luchar por nuestros derechos. Esta es la sociedad que queremos o por lo menos, la que no hacemos nada para cambiarla…

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