El Gobierno y Unidos Podemos han cerrado un acuerdo presupuestario que incluye, entre otras medidas, subir el salario mínimo interprofesional (SMI) en 2019 hasta 900 euros mensuales. Esta ha sido la noticia más mediática en el marco de la negociación para sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado del 2019. Ahora, solo queda enviar las líneas maestras de las cuentas a Bruselas, negociar con los grupos parlamentarios para articular una mayoría parlamentaria que los respalde. 

Cobrar el SMI para una familia de tres o cuatro miembros es ser pobre, a pesar de estar trabajando. Sin embargo, los empresarios creen que subir el Salario Mínimo Interprofesional, es pagar más dinero, sin tener a cambio un aumento de la productividad de los trabajadores, que al final solo provoca más despidos y menos contratación, por ser esta más cara. Parece que a los empresarios solo les importa aumentar sus beneficios y tener una sociedad de pobres.

Todos deberíamos tener el derecho a un salario justo, un sueldo proporcionado al trabajo que aporta cada persona, en la empresa que trabaja. El problema, es que el que determina dicho sueldo proporcionado, es el empresario y para él siempre será excesivo lo que paga. Por eso, es tan importante el estipular el mínimo por debajo del cual ningún trabajador a tiempo completo debe estar.

Los trabajos se están convirtiendo en algo que la precariedad, los sueldos bajos, las horas extras no remuneradas y la falta de formación continua son la realidad del día a día; a cambio de un sueldo que es la única fuente de ingresos para cubrir nuestros gastos. El salario ha pasado de ser un factor de integración y progreso social a que su devaluación salarial sea la mejor baza para mejorar la competitividad de la economía española gracias a la reforma laboral del PP y que nos obliga a vivir más endeudados. Lo cual genera más beneficios para la banca y financieras.

Los empresarios no están dispuestos a renunciar a sus beneficios que aumentan cada año, sin embargo los empresarios no quieren pagar más a sus empleados. La única solución que tienen los trabajadores es aguantar, pasar a ser un desempleado más o aumentar la economía sumergida. Los empresarios han aprendido a producir más con menos trabajadores, a fabricar nuevos productos y precios más bajos, gracias a la deslocalización de empresas y la caída de los salarios de los trabajadores menos cualificados.

La fórmula española para salir de la crisis, ha sido muy sencilla, salarios a la baja, flexibilidad laboral más precaria y temporal que nos hace cada día más pobres. Nuestra responsabilidad es votar a partidos como el Partido Popular y Ciudadanos que se han manifestado en contra de la subida a 900 euros del salario mínimo o a los que piensan que tiene que subir aún más, sin tener que acabar por eso, como Venezuela.

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