La aporofobia es un neologismo, que no está incluido en el Diccionario de la RAE, tiene su origen etimológico en el griego «aporos» que significa pobre y «fobia» que significa miedo. De modo que el término “aporofobia” sería el rechazo al pobre, al que carece de medios o de recursos. Fue utilizado por primera vez por la filósofa Adela Cortina en algunas publicaciones de los años 90 para diferenciar la actitud de la xenofobia (rechazo al extranjero) y del racismo (rechazo a grupos étnicos). En tiempos, de refugiados, de auge de la ultraderecha en Europa, sería conveniente diferenciar entre estos tres términos: xenofobia, racismo y aporofobia. El problema principal del rechazo en la sociedad es ser pobres, carecer de recursos.
Todos los países y por supuesto España, a la cabeza del turismo mundial y con más de 76 millones de turistas al año, no le importa aceptar inmigrantes extranjeros y de otros grupos étnicos (árabes, rusos, chinos…) siempre y cuando cuenten con recursos económicos. Nadie es racista, ni xenófobo, con lo extranjeros ricos. No marginamos al inmigrante si es rico, ni al negro si es un deportista o un cantante, Por lo tanto, no es problema de razas ni de nacionalidades, es un problema claramente de dinero.
Se rechaza a los pobres extranjeros por su conflictividad, por su posible delicuencia. Sin embargo, España es el “paraíso” de las mafias internacionales: mafia china, mafia rusa, mafia italiana, mafia colombiana… dedicándose a actividades como el blanqueo de capitales, el tráfico de seres humanos, explotación sexual, extorsión, tráfico de drogas, robos, agresiones y asesinatos… La sociedad les mide con una doble vara de medir, porque tienen dinero, compran casas, llenan hoteles y restaurantes de lujo, son compradores de artículos de lujo. Nadie los rechaza por su nacionalidad o por su raza, en todo caso por sus actividades y muchas veces ni eso. Parece que el dinero, disculpa casi todo.
La aporofobia existe en todos nosotros, nos rodea la marginación y la exclusión social, nos olvidamos de los pobres, de los desfavorecidos, de aquellos que no tienen nada que ofrecer. Admiramos al triunfador, al rico, al poderoso y menospreciamos a los pobres y humildes. Mostramos adoración por un futbolista sudamericano, un cantante gitano o un actor negro. Pero después, insultamos como «sudaca» con matiz peyorativo al que viene a vivir y trabajar en España. Existe un racismo encubierto hacia los gitanos, pero se olvida con un cantaor o un bailaor gitano de flamenco. Menospreciamos a un negro por su raza y lo veneramos como actor o actriz aunque sea negro. Todo depende del dinero, lo rechazamos sino tiene dinero.
La inmigración se produce desde países subdesarrollados hacia países desarrollados, los inmigrantes pobres son vistos como un problema de seguridad porque no son turistas que se dejan dinero y contribuyen al PIB del país. Los pobres se ven como una carga que nadie quiere asumir. Esa es la cruda realidad.

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