Transfobia, es la fobia a los transexuales. El término fobia determina odio, aversión, animadversión a alguien o a algo, está incluido en demasiadas palabras que nos rodean a diario: xenofobia, islamofobia, homofobia… Todas estas palabras evidencian actitudes intolerantes y totalmente irrespetuosos con la libertad del individuo y su pluralidad. Es una manera de expresar un miedo a lo diferente, controlando las vidas de las personas y limitando su autonomía a través de procedimientos agresivos.  Hablamos de transexualidad cuando una persona tiene una identidad de género distinta a la indicada por su cuerpo de nacimiento; La transexualidad tiene lugar cuando la identidad de género y el sexo biológico no concuerdan, no tiene relación alguna con la orientación sexual. Ser transexual implica sentirte en un cuerpo ajeno, vivir en un cuerpo de mujer, sintiéndote hombre o viceversa.

La sociedad ha legitimado una concepción de sexualidad normal, única, sana y legal. Y, todo lo que se sale de dichos parámetros está condenado a las fobias y a la discriminación. Nos cuesta aceptar que hay personas lesbianas, gais, bisexuales y transexuales en los que concurren una multiplicidad de factores biológicos, psicológicos y sociales que operan en la vida de una persona. Pero, no pueden vivir bajo el estigma de ser considerados enfermos. La transfobia es discriminar a personas que se sienten incomodas en el cuerpo que han nacido, pero que son tan normales como cualquiera.

El principio de respetar las minorías y lo diferente es la raíz de la democracia, cuando las minorías y los diferentes no se respetan y se les condena a ser culpables, la democracia está en serio peligro. La organización ultracatólica HazteOir.org ha iniciado una campaña con un autobús forrado de color naranja que recorre Madrid, con mensajes como «Los niños tienen pene», «Las niñas tienen vulva», «Que no te engañen», «Si naces hombre, eres hombre» o «Si eres mujer, seguirás siéndolo».

Un autobús tránsfobo, que vulnera la ley LGTB de la Comunidad de Madrid, que niega la libertad del individuo, la existencia de esas personas transexuales, negando su identidad e intentando ocultar su realidad. Solo faltaba al aislamiento, estigmatización y acoso el hacer publicidad en un autobús recorriendo las principales ciudades de España.  Parece que queremos seguir los pasos del presidente de EE.UU., Donald Trump, que revocó el pasado miércoles la norma proclamada por su antecesor, Barack Obama, y que permitía a los alumnos transexuales usar los baños y los vestuarios que prefieran en función del género con el que se identifiquen.

Libertad de expresión: Si. Pero, transfobia, no. Hay que evitar el odio, el odio es lo opuesto al amor. No puede una organización católica hacer una campaña que crea un sentimiento de temor a las personas que por razón de su identidad u orientación sexual, y concretamente a los menores puedan verse afectados. De momento la policía municipal de Madrid ha inmovilizado el autobús y la fiscalía Provincial de Madrid ha abierto una investigación urgente sobre los si mensajes tránsfobos pueden ser constitutivos de delito. Repito el odio es lo opuesto del amor y cuando las minorías y los diferentes no se respetan y se les condena a ser culpables, la democracia está en serio peligro.

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