La compra de voluntades en política tiene que ver con una crisis de valores, en que «el todo vale» prevalece por delante de la ética, de los ideales y de los partidos. Donde los que deberían ser un modelo de conducta para toda la sociedad, demuestran que «todos tenemos un precio», sea por dinero o por poder. Si no fuera así, no existiría la corrupción. La compra de voluntades es tan vieja como la historia, hasta Judas Iscariote fue, según la Biblia, el apóstol que vendió a Jesucristo a los sacerdotes a cambio de treinta monedas. Hay personas que traicionan a su socio, a su jefe, a su amigo y hay políticos que traicionan a sus partidos políticos y a sus votantes. Cambiando de siglas, de ideología y de actuación respecto de lo que han dicho previamente o simplemente se desdicen. Es cuando de forma irónica decimos aquello de “donde dije digo, digo Diego”.

El miércoles pasado, Ciudadanos y el PSOE alcanzaron un acuerdo en Murcia, para hacer una moción de censura contra el presidente regional, Fernando López Miras, y así desalojar al PP del Gobierno regional, nombrando a  Ana Martínez Vidal de Ciudadanos, como nueva presidenta. Gracias a la suma de 23 escaños del PSOE y Ciudadanos, tenían mayoría absoluta para sacarla adelante y supondría el fin del Gobierno del PP tras 26 años en el poder de la Comunidad de Murcia. Acordando también, desalojar a los populares del Ayuntamiento de Murcia. Era la gran noticia mediática: el resurgir de Ciudadanos, la alegría del PSOE de poder pensar en Ciudadanos como aliado para desalojar al PP de otras autonomías y ayuntamientos. La candidez de Ciudadanos y PSOE en la moción de censura en Murcia, desencadenó la reacción de Isabel Díaz Ayuso, disolviendo la Asamblea de Madrid y convocando elecciones. Y, lo que es peor, la compra de voluntades de tres diputados naranjas, tres tránsfugas, que han decidido cambiar su voto y formar parte del nuevo gobierno de Fernando López Miras, porque «tenían un precio».

El recuerdo del «tamayazo», el 10 de junio de 2003, la deslealtad cometida por dos diputados socialistas que dejó en minoría a la izquierda en la Asamblea de Madrid y abrió una crisis política sin precedentes en España. Donde se demostró que «todo vale», le daba la mayoría a Esperanza Aguirre del PP , perdiendo Rafael Simancas del PSOE. Hubo que celebrar unas nuevas elecciones autonómicas, el PP logró la mayoría absoluta y Esperanza Aguirre fue elegida la nueva presidenta madrileña. Era un ejemplo de traición, de transfuguismo y también de corrupción. Un efecto mariposa que se ha producido ahora en la Comunidad de Murcia, en el que ha demostrado que la compra de voluntades ha sido de nuevo posible. Un efecto que ha perturbado todas las ilusiones depositadas por Ciudadanos y el PSOE, «el aleteo de una mariposa en Murcia ha desatado una tormenta en Madrid» y en toda la política española.

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