Se ha producido la segunda traición de España al Sahara Occidental, el abandono al pueblo saharaui, al considerar la propuesta de autonomía de Marruecos al Sahara Occidental “como la base más seria, realista y creíble para la resolución del contencioso”. La primera traición fue el abandono del Sahara en 1975, que había estado integrado administrativamente en la denominada África Occidental Española hasta su conversión en provincia al final de los años cincuenta. España nunca llegó a poner en marcha la descolonización del Sahara Occidental, aunque estaba previsto un referéndum de autodeterminación para la primavera de 1975. Debido a las protestas de Marruecos, la ONU insta entonces a España a suspender el referéndum y a someter la cuestión al Tribunal Internacional de Justicia de La Haya, fallando favorablemente a las tesis españolas, todo esto durante la enfermedad del dictador  Franco. El monarca marroquí Hassan II, padre de Mohamed VI, decidió aprovechar la coyuntura para montar la operación conocida como «la marcha verde»: una marea humana de marroquíes en la frontera del Sahara. España eludió sus compromisos internacionales para la autodeterminación del Sahara, tratando de enfriar el conflicto con Marruecos, evitando el posible estallido de una guerra con Marruecos. En noviembre de 1975, en el Tratado de Madrid, España cedía la administración del Sahara a Marruecos y Mauritania con un vago compromiso de descolonización. La traición estaba consolidada. Como consecuencia, el Frente Polisario proclama la República Árabe Saharaui Democrática y declara la guerra a Marruecos y Mauritania.

Comenzó una prolongada guerra durante 15 años, del Frente Polisario contra Marruecos, acabando con la firma del alto el fuego y la anexión del territorio a Marruecos. En 1988, la ONU reafirmó el derecho inalienable del pueblo saharaui a la libre autodeterminación y a la independencia, e instó a las partes a negociar para realizar un referéndum. Oficialmente, España se ha alineado siempre con las posturas de la ONU. No obstante, durante casi 50 años, no se ha querido tensar las relaciones con Marruecos, por el contencioso de Ceuta y Melillael control de las políticas migratorias y los intereses económicos relativos tanto a la pesca como a la presencia de empresas españolas en Marruecos.

Argelia, llevada en parte por su rivalidad con Marruecos, ha quedado como el principal apoyo del Polisario, acogiendo en su territorio a la inmensa mayoría de saharauis en Tindufciudad del suroeste de Argelia muy cercana a la frontera, en campamentos de refugiados. El Sahara Occidental es uno de los territorios más ricos de todo el Magreb por contar con el mayor banco pesquero del mundo y por sus abundantes reservas de fosfatos y eso lo sabe muy bien Marruecos. En España durante estos años se han organizado campañas y eventos en favor de la autodeterminación y realizando asimismo labores de apoyo humanitario a los refugiados. Pero, los respectivos gobiernos españoles se han mantenido en una tradicional postura de neutralidad.

Ahora, de nuevo una segunda traición, traicionando a la legalidad internacional y las resoluciones de la ONU. España ha optado por contentar a Marruecos, y según dice en la carta de Pedro Sánchez a Mohamed VI: “reconoce la importancia que tiene la cuestión del Sáhara para Marruecos” y “considera la iniciativa de autonomía marroquí, presentada en 2007, como la base más seria, realista y creíble para resolver este contencioso”. Quizás haya en la negociación una supuesta garantía de tranquilidad en la frontera de Ceuta y Melilla y un control en el flujo migratorio, pero todo abandonando a su suerte al pueblo saharaui y tensando las relaciones con Argelia en plena crisis energética por la invasión rusa de Ucrania. Si España apoya a Ucrania frente a la invasión rusa y se defiende a los inocentes de una agresión ¿por qué el cambio de posición ante Marruecos? ¿Acaso el Sahara Occidental es diferente que Ucrania, respecto a la defensa de los Derechos Humanos?

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