Hoy hace 45 años de la muerte del dictador Franco, el mismo tiempo que llevan los ciudadanos saharauis reclamando un referéndum que no llega. El pasado sábado, el presidente de la autoproclamada República Árabe Saharaui Democrática (RASD) y líder del Frente Polisario, Brahim Gali, ha considerado roto el acuerdo de alto el fuego firmado con Marruecos en 1991 y ha decretado el estado de guerra en todo el territorio. No importa si la gota que ha colmado el vaso, son los bloqueos en el paso fronterizo de Guerguerat a los camiones de mercancía marroquíes, el posterior ataque marroquí o la respuesta a la agresión en legítima defensa por parte del Frente Polisario. Desde 1975, los ciudadanos saharauis reclaman un referéndum de autodeterminación, mientras que España se olvidó de ellos, regalando el Sáhara a Marruecos en la llamada Marcha Verde. Y, mientras el pueblo saharaui malvive en los campos de refugiados de Tinduf en Argelia.

La ONU registra, a día de hoy, un listado de diecisiete territorios no independientes, considerados colonias, unos territorios que no tienen el control absoluto de su administración. El Sahara Occidental es la última colonia de África. España durante todos estos años, se ha considerado exenta de toda responsabilidad en relación con la administración de ese territorio, ya que transfirió la soberanía a Marruecos y Mauritania, creándose así, un vacío de legitimidad que ha complicado el proceso de descolonización exigida por Naciones Unidas y su referéndum de autodeterminación. Al pueblo saharaui nadie les ha preguntado, han pasado de ser ciudadanos españoles, porque el régimen franquista considero el Sahara como una provincia, a vivir invadidos por Marruecos. La ONU no ha logrado el objetivo último de poner fin al colonialismo en el mundo y a la comunidad internacional, les da igual el pueblo saharaui.

La posición de España respecto al Sáhara Occidental, siempre ha sido bastante hipócrita, buscar una solución negociada al conflicto, sin mencionar en ningún momento la necesidad de un referéndum de autodeterminación. A España le preocupa más, mantener una buena relación con Marruecos, para intentar controlar la inmigración que proviene de África, que solucionar el problema del pueblo saharaui. España tiene una deuda histórica con el Sahara, retomar el proceso de descolonización que dejó pendiente en 1975 y liderar la organización del referéndum de autodeterminación. Además, de proteger a la población civil.

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