Muchas veces lo correcto, lo necesario no es lo que a todos nos gusta. A veces hay que tomar medidas impopulares que por supuesto no gozan ni de popularidad ni consiguen votos. La opinión pública y publicada es cambiante e influenciable, los políticos tienen tendencia a querer ganarse la simpatía de todos, para intentar no perder votos de nadie. Por eso, las medidas impopulares aunque sean necesarias, nadie las quiere tomar. El Gobierno de España, apuesta por delegar la decisión de las medidas a tomar, para cada comunidad autónoma, Después, de todos los ataques durante el confinamiento, por parte de presidentes autonómicos y de muchos ciudadanos, sobre la falta de libertad,  autoritarismo y por no pensar, según algunos, en los intereses de los españoles. Estas fiestas navideñas pueden acabar con 17 planes sanitarios diferentes, mucha descoordinación y la sensación de desconcierto entre los ciudadanos ante las medidas diferentes que hay en cada comunidad autónoma.

Recibimos mensajes contradictorios por parte de nuestros dirigentes: «salvar la Navidad» pero con consejos de que nos quedemos en casa; que limitemos nuestros contactos, nuestra movilidad, pero sin embargo nos dicen que ayudemos a salvar la hostelería y al comercio en general. Cuando la comunicación paradójica se convierte en un patrón del discurso político, los ciudadanos quedan en cierto modo atrapados entre dos mensajes. Nos demandan normas de comportamiento que exigen y al mismo tiempo imposibilitan determinadas acciones, resultando una situación paradójica en la que solo podemos obedecer desobedeciendo. Si salgo a comprar, no me quedo en casa, si me reúno con mis familiares, tampoco me quedo en casa. Todo esto genera desorientación y confusión a los ciudadanos.  Ante la falta de mensajes claros, de medidas concretas, todo queda a la interpretación de cada uno y según la responsabilidad de cada persona.

En la Semana Santa se optó por la clausura de industrias y empresas que no fueran fundamentales para garantizar los servicios básicos durante 11 días, desde el 30 de marzo hasta el 9 de abril, con el objetivo de limitar al máximo la circulación de personas y restringir el contacto social que implicaba la actividad laboral. Una medida para disminuir el riesgo de contagio y descongestionar las unidades de cuidados intensivos de los hospitales, que tuvo sus resultados. ¿Por que no adoptar las mismas medidas en las fiestas navideñas? Un confinamiento domiciliario, cerrar los comercios, la hostelería y todo lo que no se considere servicios básicos; prohibiendo salir de casa y las reuniones familiares; manteniendo el cierre perimetral y el toque de queda a las 22 horas. En definitiva, un confinamiento corto y severo para frenar los contagios y poder comenzar a vacunar, sin una tercera ola. Sería una medida impopular, pero necesaria…

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