Hoy con la victoria electoral de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos, se ha confirmado que el populismo de derechas es un peligro de verdad y que puede ser contagioso en Europa, como la francesa Marine Le Pen, que dentro de unos meses podría ganar las elecciones galas. La extrema derecha se extiende por toda la UE, desde el UKIP británico, el Frente Nacional de Francia, la Liga Norte de Italia, el PVV holandés, el FPÖ de Austria, el AfD de Alemania , el PIS en Polonia, Amanecer Dorado en Grecia, el PPD danés, el SD de Suecia… Les une el populismo, el euroescepticismo, el nacionalismo y la xenofobia.

Los ciudadanos están desesperanzados, hartos de promesa incumplidas y de política tradicional, parece que estamos en tiempos de votar a populismos de derecha, rechazar a los inmigrantes y la globalización. Trump ha encarnado el malestar de la América rural y el de la clase media americana: hombres y mujeres que se quedaron sin trabajo porque las fábricas se van a otros países con costos más bajos o porque su tarea ha sido reemplazada por la de una máquina. Esa gente, que no progresa económica ni socialmente, que tiene un trabajo precario y gana cada vez menos dinero, han confiado en Trump porque quieren un cambio para estar mejor.

A los votantes, mas de 59 millones de estadounidenses, no les ha importado que Trump rechace a los inmigrantes, que dice que expulsará a 11 millones de indocumentados, que levantará un muro en la frontera con México, que los inmigrantes mexicanos son violadores o narcotraficantes, que prohibirá la entrada de musulmanes en Estados Unidos. Que se burló de discapacitados, que admitió en un vídeo que manosea a las mujeres, que confiesa no pagar impuestos, que romperá los compromisos comerciales internacionales, que dice que va a derogar el «Obamacare», que no cree en el cambio climático y que tiene la desfachatez de afirmar que podría disparar a la gente y no perder votos. Ha ganado democráticamente y supongo que 59 millones de personas no pueden todos equivocarse.

Hay muchas razones ocultas en el voto de una persona, mucho hartazgo para creer en Trump y en ese cambio que promete. Es llegar al poder gracias a la frustración y el malestar engendrado en Estados Unidos que los demócratas no supieron detectar a tiempo. La frustración no ha sido solo de hombres blancos, le han votado mujeres, hispanos conservadores y afroamericanos que no han visto mejoras en sus vidas con el primer presidente negro.

Me preocupa que el populismo de derechas comience a ganar en Europa, porque está claro que hay un voto oculto o vergonzante de los ciudadanos, que no se atreven a declarar en las encuestas, pero que existe. Los ciudadanos se han cansado de las opciones «políticamente correctas» y apuestan por un cambio, buscan un futuro mejor aunque sea defendiendo el nacionalismo y la xenofobia. Tiempos de populismo, de derechas e izquierdas, aunque las ideas de ambos grupos sean totalmente opuestas,  sin embargo ambos son populistas, buscando sus votantes entre los descontentos. Utilizan argumentos simplistas para desacreditar un tipo de régimen, un estilo de gobierno o unas decisiones de política económica heterodoxas, asociando a las personas o gobiernos que las llevan a cabo al derroche y la corrupción.

Desconfío de esos populistas de derechas, por no llamarles fascistas, que se erigen en la voz del pueblo y en ser los defensores del interés general, no creo en los que manipulan a los ciudadanos prometiendo cosas a costa de recortar libertades y servicios esenciales, que promueven contratos basura, que persiguen a los inmigrantes y que apuestan por la privatización de lo público. A esos populistas solo les interesa mi voto, pero no creo que mi situación laboral y económica les interese sino es para su provecho personal.

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