Las falsas necesidades que nos crea el consumismo, hacen olvidar a la mayoría, que estamos en estado de alarma y se crea un irrefrenable impulso de comprar cosas que no se necesitan y de tener la oportunidad de llenar terrazas de bares, para desprenderse de la mascarilla. El resumen, es: calles atestadas de gente, comercios que no respetan sus aforos, olvido de la distancia social y buscar cualquier excusa para olvidarse de lo mal que están las cosas. Algunos lo llamarán irresponsabilidad, pero otros solo valorarán la felicidad que proporciona el consumismo y el ocio. Vivimos en una sociedad en la que muchos saben que nunca tendrán un trabajo para el resto de su vida, que otros ni siquiera lo tienen, los que no pueden comprarse un piso, ni un coche, ni irse de vacaciones. Los que están hartos de confinamientos y de restricciones, hartos de estar hartos, salen a las calles, a los centros comerciales, a los bares.

Buscan la felicidad en comprar por comprar, con la excusa de regalar o para ellos. Donde se vive la cultura del capricho, donde se tiene tan poco dinero, que se intenta disfrutar al máximo, porque el futuro es incierto. Un consumismo que les devora, donde lo importante es socializar y comprar. Hay crisis económica, pero la gente no deja de consumir; hay crisis sanitaria, pero la gente quiere vivir.  Parece que casi nadie, está dispuesto a quedarse en su casa. Vivimos en una sociedad incoherente, donde nos dicen que nos quedemos en casa, pero salimos. Nos han creado unas falsas necesidades que nos anima a consumir sin parar, a disfrutar del ocio en una terraza o en un botellón. La gente ha renunciado a los grandes sueños, buscan en el consumismo y en el ocio que pueden permitirse, la felicidad.

Miles de personas han salido este sábado en tromba a las calles del centro de las grandes ciudades para disfrutar de la iluminación navideña, sin tener en cuenta que España sigue siendo duramente golpeada por la pandemia de coronavirus. La gente ha perdido el miedo, es el «carpe diem«, vivir el momento. Quizás los anuncios sobre las vacunas, han provocado un relax a la hora de cumplir las recomendaciones de las autoridades sanitarias para contener la curva de contagios. Donde se machaca el mensaje de salvar la Navidad para la economía, donde la Navidad es la excusa para el consumismo. Les da igual una tercera oleada, si pueden pasar la Navidad con sus familiares, si pueden desplazarse y pueden comprar. No son irresponsables, son seres sociales, son el fruto de esta sociedad capitalista que lo basa todo en el consumo y en el ocio. El capitalismo ha de sobrevivir y para ello requiere niveles de consumo cada vez mayores, por eso nos crean falsas necesidades, los economistas dicen a la gente que deben gastar, o la economía colapsará.

Es más fuerte el impulso consumista y del ocio, que anteponer la salud y la vida. La gente está harta de hacer sacrificios, de quedarse en casa y limitar el contacto con los demás. Hemos aceptado con normalidad las cifras de contagios y de muertes. Están los asustados, los que cumplen las normas de manera más laxa y los que se creen invulnerables, cada vez más crecen los que continúan reuniéndose en grupos e ignoran los consejos, los que quieren aprovechar el tiempo y están deseando celebrar la Navidad lo mejor posible, sin pensar en las posibles consecuencias. Estamos abocados al desastre, después vendrán las lamentaciones, pero ya será tarde.

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