La opacidad en el mundo de la comunicación es voluntaria, porque también pueden optar por la transparencia. Si los que se supone que: su función es buscar la veracidad con hechos comprobados y datos comprobables no lo hacen. Están engañando a la opinión pública. Los medios que suplen con los bulos el contraste de fuentes, ofrecen un flujo de mierda a sus lectores, oyentes o televidentes. Si un medio de comunicación en lugar de informar, ofrece opiniones subjetivas y señalamientos fundamentados en percepciones parciales, emocionales e interesadas, está intoxicando.
Cuando uno decide poner un vidrio opaco quiere impedir por completo el paso de la luz y la visibilidad. Si un medio no tiene transparencia, es para que no le vean desde el exterior. Y, poder depender libremente de intereses económicos o políticos, hasta llegar a convertirse en una cloaca mediática.
La transparencia de los medios es necesaria como un componente esencial en un sistema democrático. Si desconocemos quién controla económicamente el medio, sea desde el accionariado o desde la contratación de su publicidad. Sea publicidad de clientes de agencias o institucional. Desconoceremos los conflictos de intereses que hay detrás de una información.
Si desconocemos la identidad de los dueños y de los que sufragan un medio de comunicación. No podemos asegurar los abusos de poder mediático y por supuesto su imparcialidad al abordar temas y colaboradores. Esto no significa que no lo hagan o no lo puedan hacer, simplemente que la opinión pública pueda acceder libremente a conocer la procedencia de quiénes controlan realmente el medio y ejercen su influencia.
Los usuarios de un medio de comunicación tenemos derecho a conocer quiénes están detrás del enfoque de una noticia, sus colaboradores y su forma de abordarlo o de evitarlo. Naturalmente esto no afecta al secreto profesional del periodista. Que es el derecho y el deber que tienen los profesionales de la información a no revelar la identidad de las personas que les proporcionan información confidencial.
Cuando un medio recibe publicidad institucional de las distintas administraciones puede suponer directa o indirectamente condicionar dicha orientación del medio y de su información. Y, todo eso sin contar las supuestas donaciones privadas. La opacidad de los medios impresos y digitales suponen el ocultar la identidad de los que sufragan la información y también la ideología.
Garantizar el pluralismo informativo nunca debería ser un elemento para tener medios que se basan en los bulos, la intoxicación y la manipulación. Lo cual no ayuda a la información y debilita su veracidad. Cuando unos ministerios, consejerías de comunidades autónomas, diputaciones provinciales o ayuntamientos pagan por una publicidad institucional, están comprando indirectamente la opinión y la ideología de dicho medio.
La opacidad es enemiga de la transparencia. No se puede prohibir una publicidad institucional que ayude a garantizar el pluralismo informativo y la libertad de empresa. Pero, cada contenido patrocinado por parte de una administración pública es dinero de todos los ciudadanos y se supone que dicha aportación económica siempre tiene un interés ideológico y causual.
Esto no debería ser óbice para que la opinión pública pueda disponer de formas para conocer la contratación y así favorecer la transparencia. Por supuesto desde la obligación de los portales de transparencia de los diferentes organismos públicos. Pero, también desde los medios, ofreciendo la transparencia de los anunciantes, empresas y publicidad institucional.
En los últimos años se ha ampliado el número de medios digitales, aparte de las redes sociales y sitios web, convirtiéndolos en portales y redes de desinformación. Creados exclusivamente para propagar contenidos falsos, manipulados e interesados mediante el uso masivo de noticias sin contrastar o simplemente bulos.
Los usuarios tenemos el derecho de poder conocer lo que hay en una información neutra o en una totalmente subjetiva. No es lo mismo, mantener el equilibrio o apoyarse estrictamente en datos verificables para interpretar un hecho. Que fundamentarla en percepciones interesadas o simplemente en emociones sin datos comprobables.
La opacidad permite que los ciudadanos no podamos conocer quién financia, quién es el dueño o qué intereses ocultos mueven a un medio. La información deja de ser un servicio público y se convierte simplemente en propaganda o guerra sucia. Pudiendo convertirse en la extensión de las cloacas del poder o de la oposición.
Porque los medios aparte de pagar favores distorsionando la realidad, pueden convertirse en brazos auxiliares de las cloacas del partido que sea. Me da igual se llame PSOE, Partido Popular o cualquier otras siglas. El resulta es que la sociedad deja de creer en el periodismo en general. Lo que debilita y puede llegar a cargarse a la propia democracia. Abriendo la puerta a los populismos y a la desinformación descontrolada.
La justicia se ha preocupado de esclarecer los asuntos de Leire Díaz, la fontanera del PSOE, por sus supuestos intentos de sobornos al poder judicial, pidiendo información sensible sobre los familiares enjuiciados de Pedro Sánchez. Sin olvidar la investigación en torno a José Luis Rodríguez Zapatero.
Pero, tampoco podemos olvidar las supuestas cloacas mediáticas del Estado con el Gobierno del Partido Popular. Aparte de sus numerosas tramas y causas judiciales por financiación irregular, cohecho, malversación y prevaricación a lo largo de la democracia en España.
Si son ciertas las informaciones publicadas por la Cadena Ser: el digital que edita, OkDiario, pagó los honorarios de la defensa de Koldo García, el que fuera asesor de José Luis Ábalos en Transportes que ha contado desde la cárcel que un abogado relacionado con el PP y el medio de Eduardo Inda le propusieron: «Una rebaja de pena que supondría no entrar en la cárcel, sacar a mi familia del proceso, pagar a mi defensa y la cantidad de un millón de euros”.
Todo esto a cambio de dar información a OkDiario sobre el presidente, su mujer, el expresidente Zapatero y otras personas relevantes del Gobierno. El pago del dinero ofrecido, la defensa y el millón de euros, se efectuaría a través de Eduardo Inda, que recuperaría el digital en pagos de publicidad institucional.
La credibilidad de un delincuente como Koldo García debería de ser la misma que tuvo el comisionista Víctor de Aldama, figura clave en el denominado «caso Koldo» y que se le otorgó credibilidad a gran parte de sus declaraciones y documentación aportada. Aparte de valorar su ayuda a la justicia que le sirvió para no tener que devolver los 3,7 millones de euros que cobró de comisión por la venta de mascarillas al Ministerio de Transportes durante la pandemia del Covid.
Esto huele muy mal, a ciénaga, a cloacas que pagan la defensa de un corrupto del PSOE, que le ofrecen un millón de euros para atacar y hacer daño al Gobierno de España. Un dinero que el digital OkDiario recuperaría de publicidad institucional y que la opacidad distrae la presunta culpabilidad de sus pagadores.
En la saga de películas de Shrek, su hogar se llama La Ciénaga, ahora Alberto Núñez Feijóo tiene que dar muchas explicaciones de su supuesta ciénaga y red de cloacas antes de ser presidente del Gobierno de España. Y, sobre todo la justicia no puede mirar hacia otro lado.
El problema de las cloacas no es solo el olor putrefacto, fétido e inmundo que indica el estado de descomposición de muchos partidos políticos. Sino que todas estás aguas estancadas o cloacas están erosionando nuestra democracia, el respeto a las instituciones y la credibilidad en los medios de comunicación que siguen en la opacidad.
