«Somos la mayoría social» han dicho los portavoces de la acampada de Sol, cuando anuncian su desalojo para preparar la huelga general del 11-N. La mayoría social es una entelequia, una confluencia de intereses compartidos que desafían la realidad dominante. La mayoría social incluye a diferentes demandas, a una mayoría de la población que les une unos intereses comunes: derecho a la vivienda, sanidad, educación, pensiones, salarios justos. En definitiva justicia social, frente a una oligarquía económica.
Una mayoría social que no es lo mismo que la mayoría democrática. Que no se siente representada por los intereses sociales y políticos que defienden los partidos políticos tradicionales. Una mayoría social que se rebela ante uno de los principios básicos de la democracia: que son las mayorías quienes gobiernan.
Se supone que en una democracia, a través de las elecciones y del número de votos emitidos, escogemos nuestra opción política favorita. Y, así se debería acreditar la mayoría social. Pero, por lo visto la obtención de la mayoría de votos no garantiza la existencia de una mayoría social.
Incluso con los gobiernos electos con mayoría absoluta de votos o los que llegan a partir de minorías, se habla de otra mayoría social. Lo cual significa que esa supuesta mayoría no vota, se queda en su casa. Cuestionan que la mayoría parlamentaria es una cosa y otra muy diferente la social. Aunque lo lógico es creer que los partidos políticos elegidos democráticamente representan la verdadera mayoría social.
El «no nos representan» es una excusa para eludir la democracia. Si no votamos, serán otros los que con sus votos estarán legitimados para tener una mayoría parlamentaria. No basta con ser mayoría social, si otros son los que ejercen las políticas sociales y públicas. Puede haber movilizaciones, acampadas, huelgas generales, pero hace falta una izquierda que se una y tenga un programa común de mínimos realizables, contando con todos.
Si en un país socialmente progresista, gana el Partido Popular y Vox, algo está fallando. Si no hacemos el esfuerzo de atraer a los abstencionistas, la inmensa mayoría social no servirá de nada. ? Cómo entender que la mayoría social opina lo contrario que la mayoría democrática? Y, no hacen nada para evitarlo.
La mayoría debe ser mayoría electoral, porque nadie se puede adjudicar una mayoría que no ha sido ratificada en las urnas. Por mucha validez que tengan sus reivindicaciones y propósitos, no se pueden sostener solo con la lucha en las calles, en grupos y redes sociales.
La presión popular ha podido hacer convocar unas elecciones, una huelga general, un campamento en Sol, luchando por Maricarmen y consiguiendo cambiar unas leyes de derecho a la vivienda. Pero, nada más. Ahora, faltan los votos, para que no ganen las derechas. Porque en las elecciones no cuentan las mayorías sociales, solo las mayorías políticas. No nos equivoquemos, lo único que cuentan son los votos en las urnas. Tenemos la oportunidad de revertir los resultados de las encuestas, de demostrar que la mayoría social es progresista.
