«Que no, que no, que no nos representan” fue uno de los lemas del 15-M de 2011. Hoy muchas personas cuando ha acabado la votación en la sesión extraordinaria del Congreso de los Diputados con el decaimiento de los dos decretos ley de vivienda impulsados por el Gobierno de coalición. Muchas personas han sentido que esos representantes no representaban nuestros intereses. Un triunfo para esa ultraderecha populista que siempre saca rédito de la crisis de legitimidad de las instituciones. Presentándose como defensores de aquellos que se sienten perdedores de la crisis, los cambios y las transformaciones sociales. Porque ellos son los primeros en querer destruir la confianza en la democracia.
Desde el 15-M se ha teorizado, discutido y escrito mucho acerca de la crisis de representatividad de los partidos políticos tradicionales y la legitimidad de la democracia representativa. Hemos pasado de parlamentos bipartidistas y de mayorías absolutas a parlamentos más fragmentados y formas de hacer política más polarizada. Donde se ha convertido casi en un imposible llegar a acuerdos de mínimos entre fuerzas que opinen diferente, a consensos como forma natural de gobierno. Los dos decretos sobre la vivienda eran una oportunidad para intentarlo, pero lo han dinamitado.
En unas elecciones «una persona; un voto», no todos los votos valen igual gracias a la ley electoral. Lo que cuenta no son los votos, sino los escaños. Los partidos políticos y los diputados son en teoría los delegados de la ciudadanía frente al Estado y el poder, sus decisiones en teoría nos deberían de representar. La ciudadanía cada cuatro años ejercemos nuestro derecho de voto, con el cual se forma un parlamento, que su principal decisión es elegir a un gobierno.
Un sistema parlamentario está diseñado para que gobierno y parlamento vayan de la mano, para que los gobiernos siempre puedan sacar sus leyes adelante con permiso de la oposición. Donde se discuten temas heterogéneos y decisiones que afectan a todos los ciudadanos, con diferencias y con atascos. Porque los partidos políticos tienen diferente manera de ver las cosas. Los parlamentos se han convertido más en platós de televisión que en cámaras de deliberación, lo cual ayuda a esta ola de deslegitimación.
Quizás no nos representan, pero son los que hemos escogido. Y, eso también depende de los que se abstienen, de los que prefieren quedarse sin votar. Son nuestros representantes y queramos o no, el Congreso de los Diputados nos representan, aunque nos decepcionen a la sociedad civil. Si los políticos y los partidos existentes no nos representan, ¿entonces quién? Porque es imposible que un pueblo se gobierne a sí mismo. Nos representan todos ellos, los unos y los otros. Y, los responsables de que quienes nos representan, somos nosotros los votantes.
El principio democrático se basa en el principio de representación. Por ocupar la calle y las plazas no significa que se tenga la razón, ni quiere decir que la verdad les pertenece. Por decir que somos el pueblo, tampoco nadie los ha elegido. Ni tienen la capacidad para representar la opinión de todos. Pero, lo que han demostrado es que quieren defender el derecho a la vivienda, que nos afecta a todos. Que gracias a su unidad y movilización consiguieron que Maricarmen pueda regresar a su piso, del que fue desahuciada. Evitar muchos desahucios y con su acampada por el derecho a la vivienda en la Puerta del Sol, forzaron que el Gobierno presentará dos decretos sobre la vivienda.
A lo mejor algunos no se han sentido representados por estos grupos de jóvenes, porque tampoco han sido elegidos por nadie. Pero, se han autoerigido en ser la única forma de protesta de una sociedad que siente huérfana de sus representantes políticos. La fuerza de estos jóvenes sin futuro, han conseguido que las fuerzas políticas con su voto decidieran poner freno a la especulación y a que la vivienda sea un negocio. Pero, el Partido Popular, Vox, UPN y Vox han votado en contra. La derecha ha ganado en los dos decretos, el primero que reunía el grueso del paquete de vivienda que tuvo 172 votos a favor y 178 en contra. Mientras que el segundo, que se centra principalmente en la estabilidad y renovación de los contratos de alquiler, tuvo 166 votos a favor y 184 en contra.
La derecha ha ganado las votaciones, porque son más. Fueron elegidos democráticamente y podemos estar en desacuerdo con la votación. Podemos decir que no nos representan, pero la democracia funciona así. Si la sociedad quiere cambios, puede llenar las calles con sus reivindicaciones, pero siempre faltarán los votos. El derecho a la vivienda y otros muchos derechos dependen de nuestro voto. Solo el voto cambiará lo que la sociedad decida.
Ahora, después de muchos años la izquierda ha salido a las calles, hablan de clase obrera, de huelga general y de lucha de clases. Pero, si estas personas no votan a partidos progresistas, la derecha habrá ganado. Y, la ultraderecha habrá conseguido sacar rédito de la crisis y de la legitimidad de las instituciones. Destruyendo la confianza en la democracia. El derecho a la vivienda depende de nuestro voto. Si no votamos o nos equivocamos en nuestro voto, solo nos quedará decir que «no nos representan» en las próximas elecciones.
