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Menos izquierda = más derecha.

Menos izquierda = más derecha, no es una operación matemática, ni una ecuación, ni una fórmula. No necesita resolverse, sino más bien sustituir por valores para obtener el resultado deseado. Es además, una constancia, una realidad: a menos izquierda, más derecha.

La izquierda no ha sabido encontrar los valores para obtener el resultado deseado. Mientras la derecha, partiendo de los errores de la izquierda, están encontrando los valores deseados. La izquierda utópica ha fracasado en la búsqueda de una sociedad ideal sin clases sociales, basada en la paz, la justicia y el bien común.

Se han olvidado de la realidad del día a día, de las «cosas del comer». De lo que importa a la gente: vivienda, trabajo, sanidad, educación, seguridad… Se han centrado en la igualdad en un sistema capitalista que han aceptado como propio. Un sistema clasista, competidor, hedonista, individualista, contaminador y profundamente egoísta. El resultado: menos izquierda.

La igualdad es un objetivo, con las mujeres, en una sociedad machista. Igualdad en una sociedad que discrimina, que rechaza y que tiene prejuicios por orientación sexual. En una sociedad homófoba. A favor de la integración, en una sociedad profundamente racista. El resultado menos izquierda.

La izquierda reclama la paz, pero hay demasiados intereses económicos para que prosigan las guerras. Donde casi nadie pierde su comodidad, para luchar a favor de lo que algunos llaman causas perdidas. Cada vez, indigna menos las injusticias y las guerras. Menos izquierda.

Una sociedad que ha dejado de creer en la justicia. Por su lentitud en los procesos, la percepción de trato desigual y la politización de los tribunales. Menos izquierda.

Y, el olvido del bien común por parte de la izquierda. Enfrentada, dividida y sin ideas. Incapaces de movilizar a la sociedad del cambio. Ni a trabajadores, ni a estudiantes. Luchar ya no es una obligación, ni siquiera una reivindicación. Menos izquierda.

Se han olvidado las reivindicaciones ecologistas, La izquierda se ha conformado a los cumplimientos tardíos de sus promesas, a luchar contra el relato de las derechas, en lugar de imponer el suyo. A conformarse a perder elecciones y representatividad. Aceptar que sus votantes se queden en casa. Más abstención, menos izquierda.

Tenemos una juventud condenada a vivir peor que sus padres. El cansancio de la población respecto a la vivienda, la sanidad, la educación o la dependencia. La diferencia social, donde se siguen batiendo récords de beneficios que nunca se distribuyen socialmente. Con una masificación turística creciente en nuestras ciudades, que nos convierte en un país de servicios y camareros.

Donde la preocupación política de la izquierda parece que no escucha las protestas sobre vivienda, docentes y médicos. Para exigir la recuperación del poder adquisitivo perdido durante los últimos años. El aumento de democracia, de derechos y de su cumplimiento.

Los sindicatos se han apegado a la comodidad. Olvidando la introducción del diálogo y la resolución de conflictos en las negociaciones con la patronal y el Gobierno.

Y, a la espera de lo que pueda suceder en unas eventuales elecciones. Parece que nos gobernará la derecha con los preceptos de la ultraderecha. Una parte de la ciudadanía está convencida, que las derechas solucionarán lo que han sido incapaces de hacer las izquierdas. Esos mismos que no le hacen ascos a votar en contra de medidas sociales.

Las izquierdas siguen con su falta de concreción, de unidad y de ideas. Tan quemadas como los bosques incendiados. Cuando las estadísticas pronostican un triunfo de las derechas. Los milagros no existen y mucho menos en política. La izquierda parece conformarse con su incidencia social y su escasa representación.

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