La metamorfosis del recuerdo se convierte en un proceso vivo que cambia con el tiempo y cada vez que lo recordamos. La metamorfosis del imaginario es el proceso por el cual los hechos, las ideas, los mitos cambian, se adaptan y se reinterpretan. Hoy hace 53 años del golpe militar en Chile, 25 años del 11-S y se cumplen 50 años de la primera Diada autorizada tras el franquismo en Catalunya. Una fecha en la que se une tres acontecimientos, en la que todo cambió. El olvido y el paso del tiempo desvanecen nuestra memoria, quizás lo percibimos diferente. Sobre todo para las generaciones más jóvenes. Porque no lo han vivido o porque prefieren no recordar.
En el siglo XX hubo muchos golpes de Estado en el mundo, pero el de Chile nos marcó a toda una generación. En la que aún en Europa había gobiernos autoritarios: en España, Grecia o Portugal. Pero, la Revolución en Cuba y el golpe en Chile, eran diferentes. Salvador Allende no era un dictador, era un líder socialista elegido por el pueblo chileno por vía pacífica. Por eso fue impactante que la democracia chilena fuera destruida por un golpe de Estado en el que murió el presidente Allende. En aquellos años Salvador Allende, el Che Guevara y Fidel Castro eran los referentes para la izquierda.
El bombardeo del Palacio de La Moneda, el suicidio de Salvador Allende, los horrores a los prisioneros, miles de desaparecidos, la financiación por parte de Estados Unidos, la represión de un pueblo, incluso la figura del dictador Pinochet. Con la única misión de «eliminar el comunismo y crear un nuevo orden». Fueron motivo de solidaridad con Chile durante muchos años, de repulsa y de lucha en muchos países que aún no teníamos, ni libertad, ni democracia.
Una dictadura militar de Augusto Pinochet en Chile que duró casi 17 años y que ahora el pueblo chileno parece que ha refrendado, votando a José Antonio Kast. Un ultraderechista y defensor de la dictadura de Pinochet, que ha asumido la presidencia de Chile, dando al país el mayor giro conservador desde la dictadura chilena y apostando por restaurar la economía chilena. La metamorfosis del imaginario en Chile ha pasado y se ha olvidado demasiado pronto.
Hoy hace 25 años de los atentados del 11-S, perpetrados por terroristas suicidas de Al Qaeda que supuso el cambio de paradigma en las acciones de estos grupos de musulmanes radicales y en la geopolítica mundial. Con casi tres mil muertos y más de seis mil heridos. La consecuencia más inmediata tras los atentados fue poner como prioridad la seguridad, limitando significativamente los derechos civiles y las libertades individuales en aras de la protección nacional.
La lucha contra el terrorismo comenzó con la guerra contra Afganistán en 2001, en la que se cobijaba Osama Bin Laden, presunto autor intelectual de los atentados del 11-S. En el año 2003 se pusieron en marcha las operaciones contra Irak. Los gobiernos se obsesionaron en un sistema de seguridad que garantizara el orden internacional. Nos acostumbramos a los atentados terroristas como el de Bali, Moscú y Madrid. El 11 de marzo de 2004, diez explosiones en cadena causaron 191 muertos y 2.062 heridos en cuatro trenes de cercanías en Madrid. Después Londres, París y una lista interminable de objetivos terroristas en todo el mundo.
Había un enemigo invisible en forma de terrorismo, con una islamofobia creciente. Es curioso, que nos hemos acostumbrado y que si no fuera por las imágenes impactantes de las Torres Gemelas de Nueva York, que nos recuerdan las televisiones. También hemos sufrido una metamorfosis del recuerdo, de nuestro imaginario colectivo. Con una sociedad que ha aceptado restringir las libertades civiles en aras de una mayor protección, priorizando la defensa de la libertad personal y el conservadurismo de una sociedad que vota a los populismos.
