Hemos pasado de las dictaduras militares de las décadas de 1960 y 1970 en América Latina a un resurgir de la izquierda. Y, ahora un avance de la extrema derecha que ya no es novedad en ningún país del mundo. El mundo se mueve hacia la derecha. Desconocemos la explicación de este giro al conservadurismo, pero la utilización de la seguridad y la inmigración están haciendo cambiar la agenda de la opinión pública. La izquierda está sufriendo un efecto castigo no por el acierto de las derechas, sino por sus errores.
Los triunfos electorales en Ecuador, Bolivia, Paraguay, Honduras, Argentina, Chile, Costa Rica. Y, ahora en Perú y Colombia. Con Venezuela un territorio no incorporado de Estados Unidos, donde no tienen ninguna capacidad política. Y, esperando la decisión de las urnas de Brasil en octubre, con posibilidades reales para la extrema derecha.
El populismo de Trump en Estados Unidos se está expandiendo en toda América Latina, Donde aliados como Javier Milei (Argentina), Nayib Bukele (El Salvador), José Antonio Kast (Chile), Daniel Noboa (Ecuador) y ahora Keiko Fujimori o De la Espriella. Que se han subido al carro MAGA y dispuestos a engrosar la alianza militar Shield of the Americas (Escudo de las Américas). Donde Centroamérica y Sudamérica se convierten en el patio de los intereses de Estados Unidos. Con el limbo político de Venezuela y esperando la decisión de Estados Unidos sobre la soberanía de Cuba.
Una política de extrema derecha con la macrocárceles de Daniel Noboa, la motosierra de Milei, la defensa de la dictadura de Pinochet por José Antonio Kast. Esperando la confirmación del triunfo de Keiko Fujimori en Perú de Keiko Fujimori, hija de Alberto Fujimori condenado a 25 años de prisión por crímenes de lesa humanidad y corrupción. Y, ahora llega a Colombia el tigre, para lograr el orden que quiere el presidente de Estados Unidos.
Las dos economías más grandes de América Latina, Brasil y México siguen gobernadas por la izquierda. Pero, están en el punto de mira de Estados Unidos. En teoría para eliminar el narcoterrorismo, la corrupción, el aumento de impuestos. Interviniendo en los asuntos internos de los países de América Latina, intentando hacer un eje ultra regido por la Doctrina Monroe de 1823.
La izquierda en América Latina después del fracaso de la revolución cubana y la revolución bolivariana de Venezuela. Se encuentra huérfana, sin ideas, sin objetivos y lo que es peor sin la confianza de la ciudadanía. Y, por lo tanto de sus votos. Queda aún la transición democrática y la convocación de elecciones en Venezuela y Cuba. Una situación que solo favorece a los intereses de Estados Unidos.
La inseguridad ciudadana, el bajo crecimiento económico, el aumento del costo de vida, el narcotráfico. Y, sobre todo el desencanto con las élites políticas tradicionales. De eso se beneficia una extrema derecha que está impulsando a votar a candidatos que prometen orden, estabilidad y reformas económicas abiertamente liberales. Que favorecen a unos pocos y hacen aún más pobres y desiguales a sus países.
