La selección española de fútbol masculina es el equipo representativo de España en competiciones oficiales. La selección es de todos, pero de todos los que quieran. No está obligado nadie. La selección española refleja la diversidad de la sociedad actual, con orígenes familiares, lugares de nacimiento, pluralidad étnica y multiculturalidad. Donde hay personas con diferentes ideologías e incluso sin ellas.
Nadie está obligado a ser de la selección española. Aunque, hay personas como el internacional español Marcos Llorente, que piensan todo lo contrario, asegurando que: «Quien no sea de De La Fuente o de la selección no es español«. En este país hay libertad para decidir por la selección española o no. Igual que hay libertad de expresión, política y religiosa.
La finalidad de la selección española es ganar. Después habrá diferentes opiniones, a lo mejor tantas como españoles. A los que no les gusta el fútbol. Los nacionalistas catalanes y vascos que defenderán su propia selección. Algunos que no estarán de acuerdo con los jugadores seleccionados. Otros que están en contra de jugadores racializados, E incluso los que desean que la selección española pierda y quede eliminada cuanto antes de la Copa Mundial de la FIFA 2026.
Cada uno es libre de opinar, de animar, de criticar e incluso de no ver los partidos. Ni siquiera se debería de hacer ninguna connotación política, de que los defensores de la selección sean de derechas, de izquierdas o de lo que quieran. Pero, la sola presencia de jugadores racializados como Lamine Yamal o Nico Williams, va en contra de los principios que defiende la derecha. Los dos nacidos en España, de padres inmigrantes que vinieron a Europa, para que sus hijos pudieran disfrutar de una vida mejor. Y, que ahora han decidido defender los colores de la selección española.
Al igual que Lamine Yamal o Nico Williams que han decidido jugar con España, hay otros jugadores también nacidos en España que han preferido jugar con la selección del origen de sus padres, seis lo hacen con Marruecos, y uno en México, Argentina, Ecuador, Uruguay o Ghana, como el caso de Iñaki Williams, hermano de Nico. Después están los que no han nacido en España, pero que también son españoles, como Aymeric Laporte o Robin Le Normand, nacidos los dos en Francia. Un ejemplo más de la pluralidad y multiculturalidad de la sociedad española.
Esto no es una cosa nueva ha pasado a lo largo de la historia de la selección española. Jugadores como Di Stéfano, Kubala o Puskas, que jugaron en las décadas de los 50 y principios de los 60. Siendo internacionales con sus países de origen antes de debutar con la selección española. Y, después llegaron los oriundos como Roberto Martínez, Heraldo Becerra o Rubén Valdez.
Hoy Lamine Yamal, hijo de inmigrantes, criado en Rocafonda, un barrio obrero y multicultural situado en Mataró (Barcelona) ha metido el primer gol contra Arabia Saudí. Normalmente el futbolista celebra sus goles con el «304» con sus dedos, haciendo referencia a los tres últimos dígitos del código postal de su barrio. Hoy ha celebrado su gol no besando la hierba sino realizando el «sujud», un acto simbólico del Islam que significa «postración». La señal de la cruz y la postración cumplen la misma función y ambos son igual de respetables.
Lamine ha marcado un gol para la selección española y lo ha celebrado con su religión. Hubiera podido hacer un baile, un mensaje con las manos o en su camiseta. Pero, ha preferido dar gracias a Alá. Un chaval de dieciocho años con su postración no ha querido molestar a nadie y sin embargo se ha convertido en una reivindicación antirracista y antifascista. De una España real y diversa, que desmonta el discurso de Vox. Una selección donde caben todos y no sobra nadie. Y, a la que nadie está obligado a defender, sino quiere.
