El Mundial 2026 o Copa Mundial de la Fifa 2026, no es solo deporte, no es solo fútbol: es política. En la vida todo es política. El fútbol es un gran negocio, donde existen muchos intereses económicos. Donde se genera mucho dinero que va a parar a los mejores clubs. Las selecciones son una representación nacional de dichos clubs. Los jugadores se han convertido en un producto de valor económico. Los clubs, las federaciones, las confederaciones como Fifa y Uefa, la publicidad y la política se aúnan en lo que se supone es solo deporte.
El fútbol es más que un deporte, es el opio de los pueblos. Ha servido para disfrazar regímenes políticos, para apoyar nacionalismos, para conseguir desviar la atención de asuntos primordiales. Para crear un hooliganismo y polarización, que después ha plagiado la política. El fútbol cumple la misma misión que el circo romano. El fútbol consigue aunar las masas, antes que para reclamar derechos laborales o para salvar la sanidad. por lo tanto, el fútbol, es algo más que deporte y diversión, es política.
En estos días de monotema de religión por el viaje a España del papa León XIV, hemos pasado a otro tema único, el Mundial 2026. Hemos pasado de la creencia como discurso utilizado desde los distintos poderes hegemónicos a modo de distracción, ocultando y dulcificando la realidad de los hechos. Al fútbol, donde durante 39 días, la población mundial estará narcotizada por el espectáculo, la publicidad y las ansias de lograr la Copa Mundial de la Fifa 2026. Ser campeones, despertar y defender valores, actitudes, virtudes y símbolos que definen la identidad de una nación. Por lo tanto, hacer política.
Durante muchas semanas existió la duda de si Irán podría asistir al Mundial 2026 de fútbol, que se disputa en EEUU, Canadá y México. Pero, el alto el fuego firmado el pasado 8 de abril recuperó la posibilidad de que pudiera jugar. Aunque, con la condición, de que la sede de la delegación iraní no podía estar en EEUU. Que está instalada en Tijuana (México), lo que supone que jueguen en Los Ángeles y Seattle, teniendo que desplazarse después a México. Donde EE.UU concedió los visados a todos los jugadores, pero no los concedió a otros miembros del cuerpo técnico y aficionados.
El propio Trump declaró que Irán era bienvenido a participar en el Mundial, pero señaló que no era apropiado que el equipo iraní permaneciera en EEUU “por su propia vida y seguridad”. Desdiciendo las afirmaciones de Gianni Infantino, Presidente de la FIFA que en 2017, hablaba de que en «un Mundial debe tener acceso al país; de lo contrario, no hay Mundial. Es algo obvio.” Pero, todo el mundo que tiene boca se equivoca y el que tiene intereses aún más.
La política y el fútbol se unen también para impedir la entrada de un árbitro somalí designado por la FIFA. Por ser Somalia un país incluido en los programas de sanciones por parte de Estados Unidos, debido a la presencia de grupos extremistas. Al igual que en los Juegos Olímpicos, el Mundial 2026 de fútbol, olvida que es deporte, aplicando restricciones a su participación por cuestiones políticas. Olvidando uno de los principios del deporte, que es el respeto hacia los demás y lo que debería ser un Mundial 2026 como celebración global y solidaria.
Cuando el fútbol, deja de ser deporte y se politiza. Los aficionados de la selección de Irán han mostrado una bandera dedicada a las 168 niñas asesinadas el 28 de febrero de 2026 en la Escuela Primaria Shajare Tayebé en la ciudad de Minab, tras un ataque aéreo de Estados Unidos. Y, comienzo de una guerra ilegal contra Irán. El empate del partido dos a dos frente a Nueva Zelanda, ha dejado de ser lo más importante.
Después del partido, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ha visitado el vestuario de la selección de Irán para felicitarles tras el empate. Sin embargo el mandatario de la FIFA no ha hecho nada para garantizar una verdadera justicia deportiva para todos los participantes del Mundial. No es solo deporte, no es solo fútbol: es política. Todo es política. Pero, ni Estados Unidos debería de aplicar sus políticas migratorias en una competición global, ni un partido de fútbol debería de ser el escenario para recordar el asesinato de 168 niñas. En fin, todo es política.
