Los jóvenes de Marruecos huyen en una crisis migratoria por las únicas fronteras terrestres que conectan a la Unión Europea con África. Ceuta y Melilla son territorio español y por tanto territorio de la actual Unión Europea sobre el continente africano.
Ceuta y Melilla, dos ciudades autónomas españolas con kilómetros de alambrados y pasos fronterizos. Que sirven como bases militares y de una gran importancia estratégica para España, asociado al control del estrecho de Gibraltar. Pero, Marruecos no reconoce la soberanía española y su objetivo es recuperar Ceuta y Melilla para completar su integridad territorial. Y, terminar con lo que consideran una presencia colonial europea en África.
Por lo tanto, detrás de una crisis migratoria con la búsqueda de nuevas oportunidades para los jóvenes, debido a la pobreza y el impacto climático en Marruecos. Aparte de la frustración y del deseo humano de prosperar. Hay también un efecto llamada en redes sociales y la dejación por parte del Gobierno de Marruecos. Que ocasiona la crisis migratoria, ahora en Ceuta.
España con Ceuta, Melilla, Canarias, Baleares y las costas andaluzas forman parte de la frontera sur de Europa y siempre seremos la entrada natural de la inmigración africana y por tanto hemos de tener aparte de sus recursos de acogida, los medios para poder controlar los movimientos humanos. Con una política migratoria con vías legales y seguras, basada en los derechos humanos.
Para Marruecos es una cuestión de soberanía. Ellos consideran el carácter colonial de los enclaves y su pertenencia geográfica, histórica y cultural. Mientras España justifica su pertenencia por razones históricas desde el siglo XV. Siempre anteriores al protectorado de Marruecos de Francia y España. Y, su posterior independencia en 1956.
Hablar de cualquier modificación de soberanía afectaría directamente a una población que, en su mayoría, posee ciudadanía española. Y, que España considera parte de su soberanía nacional. Todo esto implica una constante fricción y diplomacia entre los gobiernos de Marruecos y España. Que se ven agudizados en las crisis migratorias.
Miles de personas mueren en el Mediterráneo en una constante crisis migratoria. Buscando un mejor futuro en Europa. Los centros de acogida están colapsados y existe un discurso de racismo. Que la extrema derecha aprovecha para expandir el odio y reclamar la expulsión de los inmigrantes.
La inmigración no se detiene levantando vallas y reforzando los sistemas de vigilancia para impedir los cruces irregulares. Las fronteras se convierten en escenarios de intentos masivos de entrada, devoluciones, denuncias por abusos y cuestionamiento de derechos humanos.
Ni la solución es devolver a quienes cruzaron en los últimos días la frontera con Ceuta a nado o a pie. Porque ellos mismos y otros lo volverán a intentar. Solos o con ayudas de mafias y la dejación interesada por parte del Gobierno de Marruecos.
Miles de inmigrantes se encuentran esperando desde las playas de Fnideq, conocida también como Castillejos, e intentando bordear a nado el espigón fronterizo del Tarajal para acceder a territorio español. Mientras tanto cientos de ellos permanecen tirados en las calles de Ceuta. Muchos de ellos menores no acompañados.
Se puede cerrar las fronteras, llevar a más militares. Modificar la ley de extranjería para rechazar en frontera aquellas personas que intenten entrar por vía marítima. Podemos comprender y tener empatía con la ciudadanía ceutí. Pero, se están repitiendo los mismos problemas de la crisis migratoria de la masacre de Melilla de junio del 2022, como ante la crisis de Ceuta de 2021,con la entrada de más de 10.000 personas en Ceuta. Y, la inmigración no la paran las fronteras.
La culpa no es de Pedro Sánchez y de la regularización del Gobierno español. Es un problema humanitario que el mundo no quiere resolver. Culpando y criminalizando el hambre, la falta de medios y el derecho a vivir de todos los ciudadanos del mundo.
Una crisis migratoria en Ceuta que además es consecuencia de las relaciones bilaterales de Marruecos con España. Y, donde las personas migrantes son una forma de presión para conseguir sus reivindicaciones de soberanía. Una situación en la que estamos solos. Y, donde Europa se desvincula o incluso excluyendo a España de Schengen, como ha reivindicado la primera ministra italiana Giorgia Meloni.
A lo mejor una parte de la ciudadanía está esperando a las elecciones generales. Y, a las directrices del nuevo Gobierno del PP en coalición con Vox. Para solucionar de una vez la crisis migratoria y la expulsión de todos los inmigrantes. Está crisis migratoria ayudará a recoger más votos a la derecha, al racismo y la xenofobia.
