A veces resulta inevitable aceptar una cosa que a pesar de no ser agradable, resulta buena, adecuada o útil para alguien o para algo. Es cuando, se dice que se hacen las cosas por conveniencia. Quizás es un mal menor en muchas ocasiones, que no es lo mejor, pero puede ser lo menos malo.

Todos hemos hecho alguna cosa por interés, por conseguir algo a cambio. Hemos oído hablar de matrimonios de conveniencia, por temas sociales o económicos, sin que exista un vínculo sentimental intenso entre ellos.  Cuando se decide formar una unión de conveniencia, no es necesario que existan unos sentimientos o un gran entendimiento, simplemente la forman con el fin de sacar un provecho o ventaja.

Cuando hablan los políticos de formar un gobierno de coalición, de cooperación o un acuerdo programático, no mencionan formar un gobierno de conveniencia, porque no resulta políticamente correcto. Quizás es una forma vacía, sin contenido, sin vínculos, sin un claro acuerdo, pero solo basta considerarlo como un acuerdo comercial o legal entre partes, para evitar unas nuevas elecciones y una supuesta victoria de las tres derechas.

A lo mejor una simple unión de conveniencia, como mal menor, para formar un gobierno,  crea mucha incertidumbre, mucha desconfianza y poco futuro para marcar las directrices de todo lo que nos afecta como ciudadanos a corto y medio plazo.. Quizás no es suficiente, ni para formar un gobierno en coalición, ni en solitario, pero que nadie crea, que unas nuevas elecciones les va a dar la victoria por mayoría al PSOE ni va a unir a la izquierda sin problemas. 

El PSOE parece que busca la conveniencia con la abstención de Ciudadanos o el Partido Popular. Mientras los votantes progresistas seguimos pensando que la mejor opción es que la izquierda se ponga de acuerdo.

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