El Gobierno de Pedro Sánchez ha llegado a su trastorno límite, ha perdido su exigua mayoría que le permitió la investidura y ha tenido que pactar con Ciudadanos para poder conseguir este miércoles, la aprobación en el Congreso, de la quinta prórroga del estado de alarma por la pandemia del coronavirus. El Gobierno de coalición del PSOE y Unidas Podemos vive en una montaña rusa constante, donde hay una contradicción en sus decisiones y cierta ambivalencia, que muchas veces, parece más caótica que predeterminada, lo que crea confusión y desconfianza entre los ciudadanos.Todos vivimos en una fase de altísima incertidumbre y desconcierto, y es cuando más se necesita sentir seguridad y confianza, en este caso en las decisiones del Gobierno de España.  

Un rasgo común del Gobierno de coalición PSOE y Unidas Podemos es la complejidad, que incluye una multitud de tendencias y visiones dentro de uno mismo, con valores y opiniones a veces opuestos. El único denominador común de pensamiento y forma fue la necesidad de formar gobierno, a pesar de sus diferencias, antagonismos y desconfianzas, aparte de la falta de experiencia de saber gobernar juntos. Combinando los estereotipos de Unidas Podemos con el pragmatismo y la experiencia del PSOE en tareas de gobierno, la diversidad hace que afloren contradicciones todo el tiempo. Las contradicciones, surgen tanto para las personas como para las mismas ideas, cuyos derroteros suelen ser aún más difíciles de poner de acuerdo. En todos estos caminos complejos, llenos de vectores opuestos, solo faltaba una emergencia sanitaria como el coronavirus donde se han roto todos los esquemas hasta ahora conocidos.

El trastorno límite de este gobierno está en no haber sido capaces, de asegurar el voto de las fuerzas que consiguieron la moción de censura contra Mariano Rajoy y en la investidura de Pedro Sánchez. La geometría variable es demasiado peligrosa, teniendo que arriesgarse a conseguir una votación adaptada a sus necesidades, buscando cada vez partidos políticos diferentes. Eso, que podría llamarse pactar, significa tener que adaptarse a las reivindicaciones de quienes les apoyan y así se corre el riesgo de entrar en demasiadas contradicciones ideológicas. El Gobierno de Pedro Sánchez ha demostrado su capacidad de llegar a acuerdos a dos bandas, a izquierda y a derecha, apoyándose en Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) para sacar adelante alguna de sus propuestas y también la capacidad de pactar con Ciudadanos.

La geometría variable, se basa en la posibilidad de llegar a acuerdos por los dos lados del arco ideológico, pero eso de jugar a dos bandas y de querer arrinconar al Partido Popular con sus afines de Vox, es jugar con fuego. Pedro Sánchez debería de asegurar el voto que le apoyó en la investidura, porque el voto de Ciudadanos simplemente es una forma de dejarse querer a cambio de impulsar sus propias propuestas. Es imposible tener una política progresista con el voto de Ciudadanos y eso lo sabemos todos. Solo ha bastado esta vez, dentro de los malabarismos de la geometría variable, pactar la abstención de EH Bildu, para asegurarse la quinta prórroga del estado de alarma y mezclarlo con la derogación de la Reforma Laboral, por si fallaba el apoyo final de Ciudadanos. Lo que puede suponer un gran trastorno interno para el Gobierno de coalición o incluso puede suponer el final de dicho gobierno…

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