Después de la Transición, por primera tenemos vez un gobierno de coalición en España. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, hizo público ayer domingo su Gobierno, ha dicho que se va a nutrir de «ideas plurales» y hablará con distintas voces, «pero con una misma palabra», insistiendo en la idea de que la pluralidad del Ejecutivo es reflejo de la pluralidad de la mayoría progresista que hay en España. Ahora, debe demostrar con su trayectoria su perfil progresista y de izquierdas, porque lo que no se puede poner en tela de juicio es ni su legitimidad ni su legalidad. Los españoles y españolas lo han elegido a través de un proceso democrático electoral, el debate legalidad-legitimidad no debería existir. Es legitimo pretender cambiar este gobierno, pero no todo vale. 

Un gobierno progresista es el que sus logros y conquistas son para una alcanzar una sociedad más justa, cohesionada y avanzada. Eso no significa el apocalipsis, ni el final del capitalismo y de nuestra sociedad actual, como augura la derecha con la entrada de socialistas, comunistas, bolivarianos y el apoyo de los nacionalistas. A lo mejor este gobierno no será realmente de izquierdas, pero puede ayudar a gestionar de forma más justa, avanzada y social sus recursos para hacer cambios: económicos y sociales que reviertan en la mayoría de la sociedad. La democracia es la que otorga unos plazos, además de tener controles y contrapesos legales e institucionales, para que se cumplan. El gobierno de coalición de Pedro Sánchez no puede juzgarse a priori, se debe esperar a los resultados que obtenga en función de sus criterios políticos y éticos.

Lo que no fue posible en Abril se ha hecho realidad en Noviembre, ahora con la coalición entre PSOE y Unidas Podemos, hay una lista de intenciones que garantice la reversión de todas las políticas de austeridad y los recortes sociales para salir de la crisis y buscar cambios legislativos para avanzar en la igualdad y en la mejora de los más desfavorecidos. Somos muchos los que esperamos ver los resultados y sabemos de sus dificultades. Ahora, hay que lograr la aprobación de los presupuestos y la realización de las políticas que alcancen las expectativas de cambio anunciadas.

Si la derecha pone el entorpecimiento para que todo ello no se cumpla, somos los ciudadanos y ciudadanas progresistas, los partidos de izquierda, sindicatos y colectivos sociales los que tenemos la obligación de exigir a este gobierno, que todos estos cambios se produzcan. No es lo mismo un gobierno de coalición que un gobierno con ministerios repartidos o compartidos, gobierno de coalición significa entenderse, aunque sean dos partidos diferentes. Un voto de confianza para este gobierno de coalición, progresista y de izquierdas, que haga primar el interés general de los ciudadanos. 

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