Hoy jornada de reflexión de las elecciones catalanas del 21-D, jornada entre sentimientos encontrados de los independentistas y los constitucionalistas. Decía el filósofo francés del siglo XVII Blaise Pascal que: «El corazón tiene razones que la razón no entiende». En estas atípicas elecciones convocadas por el gobierno español, sin gobierno de la Generalitat, con candidatos en la prisión y parte del Gobern en un supuesto exilio, hay razones que la razón no entiende. Los programas de los partidos es lo que menos han importado, han prevalecido los sentimientos, tanto de los nacionalistas como de los constitucionalistas, en estas elecciones solo interesa si los ciudadanos y ciudadanas de Catalunya avalen el 155 o el proceso soberanista.

La mayor parte de la las decisiones humanas responden más a sentimientos que a la razón, las emociones dominan nuestras decisiones en las elecciones. En el Reino Unido los sentimientos de la Inglaterra profunda se impusieron en el referéndum del brexit y también en la ascensión política de Donald Trump en EE.UU. Ahora, en estas elecciones catalanas la duda está en el triunfo de C´s con Inés Arrimadas o en el voto dividido de los independentistas entre ERC y JuntsxCat.

Por un lado se dirime el apoyo al constitucionalismo y la aplicación del 155, toda esa supuesta población catalana que ha estado callada y que quieren seguir siendo españoles; por otra parte los que refrendan el independentismo, con raíces históricas, identitarias y sentimentales y que están en contra de la aplicación del artículo 155. Pero, no hemos de olvidar que hay una parte de la población que pueden ser constitucionalistas o independentistas, que solo buscan confianza. Confianza para que las empresas no marchen de Catalunya, para que no aumente el paro, para que no se desplome el turismo… En definitiva, confianza para que los catalanes y catalanas no pierdan más.

Un debate entre intereses, ideologías y pasiones nacionalistas, sean españolistas o catalanistas. Un debate de fanatismo, donde falta congruencia en las emociones; relativismo entre las pasiones y las opiniones; y sobre todo falta de interés en entenderse, en llegar a acuerdos. No sé quien ganará estas elecciones, pero me parece que todo seguirá igual, que ni el «procés» ni el 155, habrán servido para nada…

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