El concepto básico de “ciudadanos” es el de pertenecer a una comunidad, a un grupo social. Aristóteles vinculó la ciudadanía con la pertenencia a una comunidad política y concibió, en forma antagónica, la extranjería con su no-pertenencia a dicha comunidad. De esta forma tan sencilla se crea un concepto el de extranjero y por tanto el de frontera. La frontera toma un sentido más político con la construcción de los Estados-naciones y se apoya entonces en el concepto de límite de un territorio y la diferenciación cultural y social.

En tiempos más modernos la Declaración de los Derechos del hombre y del ciudadano de 1789 proclamó los derechos «naturales e imprescriptibles» como la libertad, la propiedad, la seguridad, la resistencia a la opresión. Asimismo, reconoció la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley y la justicia,afirmando el principio de la separación de poderes. ¿Pero,por qué hacer fronteras? ¿Por qué dividir lo indivisible? Quizás es utópico eliminar todas las barreras que separan a los seres humanos, no tener fronteras que obstaculicen la libertad de nadie y que realmente nos permita a la humanidad ser ciudadanos del mundo.

Ahora que oímos términos como nación, independencia, federalismo, no puede entenderse sin un enfoque social, que priorice los valores universales, comunitarios y solidarios de quienes sean y estén donde estén. Hemos de descartar términos que tienen profundas  raíces ideológicas como nacionalismo, localismo, diferencias, xenofobia… Que tienen como fondo una mezcla de hechos históricos, patriotismo, exaltación lingüística y cultural. En un mundo de desigualdades, de ricos más ricos y pobres más pobres, con juventudes frustradas por la crisis y el paro, no podemos estar hablando de crear más fronteras y de crear barreras para que la gente no pueda pasar.

No significa que no se reconozca la autonomía, la singularidad, la cultura de cada estado pero sin vallas. No se puede restringir a los ciudadanos del mundo que libremente,por necesidad o posturas ideológicas quieran buscar una nueva oportunidad al bienestar. Quizás algunos no entienden que miles de inmigrantes traten de entrar en una España con casi seis millones de desempleados, pero ellos no entienden que una valla les impida poder tener una oportunidad y poder ser ciudadanos del mundo.

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