Existe una leyenda de la Grecia antigua, recogida por Plutarco, que es la paradoja de Teseo, habla de un barco en el cual se retiraban las tablas estropeadas y las reemplazaban por unas nuevas y más resistentes. La pregunta es, si cambias todas las piezas de un objeto… ¿Sigue siendo ese mismo objeto? ¿O es otro nuevo?

Cuando hablamos de la nueva y la vieja política en España, nos debemos preguntar si es suficiente con cambiar de caras y con su rejuvenecimiento. Hemos pasado de conceptuar la política entre progresistas y conservadores, entre revolucionarios e integristas a la denominación nuevo o viejo.  Cambian las caras, pero los problemas siguen siendo los mismos.

Para tener un cambio de verdad, hay que cambiar toda la política. El barco de Teseo sigue siendo el mismo, no basta con cambiar las viejas tablas por otras nuevas, porque las nuevas en contacto con las viejas comienzan a corromperse con las viejas. El barco sigue sin cambiar, es el mismo de antes, como si nunca se hubiera cambiado nada.

Para que el barco deje de ser el barco de Teseo, se tienen que cambiar todas las piezas, una a una, hasta que el reemplazo sea total. Cuando se quitan unos granos de un montón de arena, sigue habiendo dicho montón. Cuando se quitan o se cambian algunas caras de la política, sigue existiendo el mismo concepto de política mediocre, muy lejos de lo que necesita la mayoría de la población.

Necesitamos políticos que tengan discursos menos genéricos, que tengan programas que se puedan cumplir y más soluciones. Necesitamos políticos con menos corrupción y más transparencia.  Todo lo que se presenta como nuevo, puede envejecer y puede tener los mismos vicios de lo viejo.

Me preocupa el anquilosamiento de la política, pero me preocupa más su incompetencia. Me sobran los políticos en programas de televisión jugando al futbolín, exprimiendo un zumo, bailando, cantando o corriendo en un car. No necesito conocer sus gracias, sus supuestas habilidades o sus anécdotas de su juventud. Necesitamos gente honesta, que diga la verdad y que se implique en mejorar la sociedad.

No podemos cometer la tremenda injusticia de decir que todos los partidos son iguales. Hay políticos honestos y que no se venden sean de derecha o de izquierda. Pero, nosotros como ciudadanos no podemos votar a los corruptos, hemos de castigar a los que no cumplen sus promesas y hemos de votar a los que defiendan los intereses de la gran mayoría. Y, desconfiar de la nueva política, de las nuevas caras que hoy se presentan como alternativa y mañana pueden tener las mismas miserias. Porque no hay nueva y vieja política, hay política buena y mala.

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