Los partidos políticos eligen a sus cabezas de lista a dedo, no permiten la participación de los ciudadanos, se llaman democráticos pero utilizan la dedocracia, lo lógico sería que se escogieran los candidatos mediante primarias abiertas a todos los integrantes de cada partido.

La propia Ley de Partidos Políticos expresa en el artículo 7.3, que “los órganos directivos de los partidos se determinarán en los estatutos y deberán ser provistos mediante sufragio libre y secreto” y la Constitución en el artículo 6 de la misma, señala que “la estructura interna y el funcionamiento de los partidos debe ser democrática”.

La elaboración de las listas de los partidos y la incorporación de fichajes mediáticos para colocarlos en los primeros puestos de las listas como el general Julio Rodríguez que se incorpora como número 2 por Zaragoza en la lista de Podemos para las elecciones generales, también los magistrados Juan Pedro Yllanes y Victoria Rosell, el exdirigente de IU Luis Carlos Rejón… El PSOE ha incorporado a la exdiputada del PSC Meritxell Batet, a la excomandante del ejército Zaida Cantera y a la exdiputada de UPyD Irene Lozano… Ciudadanos ha descartado los fichajes de candidatos independientes y el PP ha apostado por una nueva generación de dirigentes Andrea Levy, Pablo Casado, Javier Maroto.

Fichajes a la desesperada para tratar de remontar en las encuestas o simplemente para intentar imagen de seriedad y profesionalidad. Otros buscan consolidación de miembros del partido en las nuevas listas electorales, pero siempre el dedo divino es el que pone, quita, sube o baja en las listas. Incluso en partidos como Podemos, candidatos que tenían el apoyo de la gran mayoría de personas de los círculos y órganos han sido desplazados por otros escogidos por la dirección nacional del partido.

A lo mejor es hora de olvidar personalismos, quizás es un momento en el que el cambio es posible, quizás fichajes mediáticos como el exgeneral Julio Rodríguez pueda funcionar como funcionó Manuela Carmena como candidata a la alcaldía de Madrid. Pero, lo que no funciona es que puro marketing o por aumentar las posibilidades de ganar se olvide la democracia por el dedo. Debe olvidarse la dedocracia en la política y ser los militantes los que escojan los miembros de las listas, por su trabajo, por sus ideales, por su liderazgo pero no por marketing político.

Muchos votantes no se interesan por la política, no leen periódicos, no se informan; unos saben a quién votarán independientemente de la campaña; otros cambian de opinión los últimos días; unos se basan simplemente en las caras de sus líderes. Los partidos políticos parece que se olvidan, que no todo es ganar, que no se puede construir campañas políticas vacías y cosméticas basadas en rostros conocidos, que están los ideales, los objetivos a lograr y la capacidad de ilusionar y de empatía que sean capaces de transmitir. Y, el principal objetivo paradójico de las campañas electorales es que la gente vote democráticamente unas listas que son hechas a dedocracia.

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