Todos estamos en peligro, en nombre del Islam, de nuevo Londres, de nuevo en Gran Bretaña.  En Westminster murieron 5 personas, además del terrorista (el 22 de marzo), 22 muertos en Manchester (el 22 de mayo) y ayer sábado en Londres, cuando tres hombres arrollaron con una furgoneta a una veintena de peatones junto a la estación del Puente de Londres: siete muertos confirmados, además de los tres terroristas. No me cansaré de escribir en contra del terrorismo, de todos los que atacan la libertad, la tolerancia y el respeto de las personas. . Pero, poco importa el lugar y la nacionalidad de las personas, todos estamos en peligro, el objetivo del terrorismo es sembrar el miedo, atemorizar a la población e intentar acabar con los hábitos más normales de cualquier persona: pasear, acudir a un restaurante,a un concierto o simplemente salir a la calle… No les importa cuántas personas maten, ni la forma del atentado, solo buscan publicidad, causar miedo, divisiones en la sociedad y una retórica de odio.

No debemos juzgar el terrorismo por su religión, aunque algunos terroristas cometen sus crímenes en nombre del Islam, la mayoría de las víctimas del terrorismo son musulmanes, pero todos estamos en peligro. En nuestros valores de libertad, igualdad y justicia no deben de tener cabida los prejuicios, los estereotipos y la ignorancia. Nuestra sociedad está basada en la libertad pero también en la diversidad, todos somos ciudadanos del mundo independientemente de nuestra nacionalidad, raza, religión u orientación sexual. Debemos luchar para que nadie nos arrebate nuestra libertad.

El terrorismo nace muchas veces de la desigualdad, de intentar derrocar un gobierno o un orden establecido, nace del fundamentalismo, aunque nunca tiene una justificación matar a personas. Durante siglos, Occidente ha saqueando el mundo, militar y económicamente, ha impuesto sus dogmas culturales, económicos y religiosos en contra de una mayoría silenciosa en países de África, Asia y América, creando desigualdad, odio y frustración. Incluso a las personas que han venido a vivir a nuestros países occidentales los hemos relegado a vivir en guetos étnicos, religiosos y económicos, han realizado los trabajos peores y más mal pagados, los hemos condenado al paro antes que a nadie, les hemos obligado a integrarse y olvidar sus costumbres e incluso sus creencias. Hemos creado guetos de odio al lado de nuestras ciudades, cerca de nosotros. Por eso el terrorismo lo tenemos tan cerca.

Occidente no ha sabido o no ha querido poner solución a las raíces del terrorismo, porque la opresión, la miseria económica y social estimulan el terrorismo. Los terroristas no tienen ninguna justificación, pero quizás nosotros los occidentales también somos culpables de que este terrorismo exista. El Islam no está en guerra contra los valores de Occidente, no es una guerra de civilizaciones ni de religiones, los terroristas no luchan entre el Bien y el Mal, los terroristas luchan por una tiranía islamista, por un Califato mundial y en contra de una democracia en sus países.

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