La pobreza y hambre en el mundo, las estamos olvidando por la necesidad de combatir el terrorismo. Hemos relegado a segundo plano la urgencia de seguir luchando para reducir la pobreza y el hambre. El hambre nace de la pobreza, el hambre a nivel mundial, constituye un escándalo, un problema no resuelto. El hambre no es una enfermedad infecciosa, pero acaba con la vida de millones de personas. El hambre es la principal causa de mortalidad en el mundo, y se lleva más vidas que el sida, la malaria y la tuberculosis en conjunto. Ningún terrorismo mata a tantas personas como el hambre. Las Naciones Unidas tienen el objetivo de erradicar la pobreza en 2030, como parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que sustituyeron a los Objetivos de Desarrollo del Milenio, pero se quedará solo en eso, un objetivo.

La población mundial es de 7.500 millones, de los cuales 800 millones de personas sufren hambre en el mundo. Los siete países con el mayor índice de hambre son: la República Centroafricana, seguida por Chad, Zambia, Haití, Madagascar, Yemen y Sierra Leona. En un mundo lleno de comida, el problema es de acceso, de reparto. 20 millones de personas están al borde de la hambruna en Somalia, Yemen, noreste de Nigeria y zonas de Sudán del Sur, incluyendo a 1,4 millones de niños que están en riesgo inminente de muerte. Las catástrofes naturales, la inestabilidad política, los conflictos bélicos y el cambio del clima que provoca una caída de la producción agrícola son los principales motivos, pero el fundamental es el reparto. Mueren millones de personas de hambre y otros millones tiramos los alimentos a la basura. Tenemos miedo en reconocer que la gente se muere de hambre y que el hambre nace de la pobreza.

La pobreza y el hambre en el mundo, nos preocupa menos que el terrorismo. Porque el terrorismo nos puede matar a cualquiera de nosotros y en cualquier lugar, tenemos miedo. Pero, hemos aceptado con normalidad la desigualdad, la pobreza, el hambre… No hacemos nada por todos esos millones de personas que les falta el agua, la electricidad, los servicios fundamentales: educación, asistencia sanitaria, vivienda… Aceptamos la desigualdad por razones  geográficas, étnicas y de género. No luchamos por el cambio climático que amenaza con hacer más pobres a los que ya no tienen nada. No luchar contra la pobreza y el hambre, es sembrar el odio; el camino a que muchos no les importe morir matando por sufrir unas condiciones inhumanas de pobreza y marginación.

Los países occidentales relacionan el terrorismo con la presencia del islam, pero la pobreza también es un factor que nos puede hacer comprender el surgimiento de grupos terroristas y sus acciones violentas. El mundo está divido en tres grupos: étnicos, económicos y religiosos, la mayoría de veces coincide que un determinado grupo étnico tiene todos los problemas económicos y comparten la misma religión. Pero, el problema no es la etnia, ni la religión; es la desigualdad, la pobreza, el hambre. Nos quedan muchos desafíos por delante y muchas políticas que se necesitan para lograrlo, pero la comunidad internacional se ha obsesionado en poner énfasis en la lucha contra el terrorismo y olvidar la lucha contra el terrorismo de la pobreza y el hambre.

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