El trato de los cristianos con Dios se basa en la oración, rezar es una forma de expresar las alegrías, inquietudes o preocupaciones, es tratar a Dios como un Padre, es seguir con la misma enseñanza que los discípulos de Jesucristo. La tradición de rezar por los muertos se remonta a los primeros tiempos del cristianismo, en donde ya se honraba su recuerdo y se ofrecían oraciones, la misa de difuntos es un ruego por las almas de los difuntos y que puedan llegar a ver a Dios. Pero, rezar y asistir a una misa no es obligación para nadie, es un acto libre, voluntario y sobre todo que tiene que ver con la fe, y no con el  Estado.

Pasó ya el tiempo de que todos éramos católicos, de la obligación para todos de asistir a misa, somos un país aconfesional y cada uno puede hacer lo que quiera libremente. Los muertos y sus familiares pueden ser creyentes, agnósticos o ateos, lo cual significa que cada uno puede honrar a los fallecidos por el coronavirus, según sus ideas y creencias, no es necesario ir a una misa funeral en la Catedral de la Almudena en Madrid, ayer lunes, para sentir dolor y respeto.

Que no se moleste nadie, estamos hablando de libertad no de obligación y por supuesto estamos hablando de un acto litúrgico no de un funeral de Estado, por lo tanto el presidente de gobierno no tiene ninguna obligación de asistir, mucho más cuando hubo la presencia de la vicepresidenta Carmen Calvo, en representación del Gobierno, entre otras autoridades y presidida por los reyes. No asistir a una misa Pedro Sánchez o Pablo Iglesias como miembros del gobierno, supone un acto de coherencia de aconfesionalidad del país al que representan. 

No rezar, no asistir a una misa no es una falta de respeto a los muertos, ni a sus familiares como ha dicho la derecha y la ultraderecha. El 16 de julio, es el verdadero funeral o ceremonia de Estado, oficial y laico, en honor de todas las víctimas del coronavirus, con la presencia de representantes de las instituciones españolas y europeas, y con la ausencia de la ultraderecha.

Parece que eso no se quiere criticar o se le da más importancia a la asistencia a un acto litúrgico que a un funeral de Estado. Ni se desprecia y humilla a las víctimas, ni a sus familiares ni a a los Reyes, que sí son católicos, porque no vaya Pedro Sánchez. Eso si es jugar con el dolor de las víctimas y querer olvidar la laicidad del Estado, la neutralidad de los poderes públicos y la obligación del Estado a no confundir sus obligaciones con una determinadas  actividades religiosas de unos creyentes católicos.

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