No es una película, es el funeral de la reina Isabel II. La muerte siempre ha sido una excusa para el egocentrismo o la presunción, construyendo grandes monumentos funerarios en el que el descanso eterno parece buscar una cierta inmortalidad o con entierros y pompas donde se busca la afluencia multitudinaria para ensalzar su vida y obras. La muerte es uno de los acontecimientos más duros por los que atravesamos el ser humano. Todos hacemos frente a la pérdida de familiares y amigos una o varias veces a lo largo de nuestra vida. Muchos son los que pagan su seguro de decesos, para evitar los gastos del funeral, las preocupaciones a sus familiares o la suntuosidad de su entierro, donde casi todo el mundo se preocupa de cómo va a ser su funeral: el servicio conmemorativo, el velatorio, el acompañamiento, la elección entre panteón o nicho, tipo de lápida, propiedad, etc

La muerte de la reina de Inglaterra Isabel II, el 8 de septiembre dio inicio a un minucioso plan elaborado en la década de los 60, bajo el nombre de Operación Puente de Londres, donde se recoge los pasos minuciosos a seguir en los 10 días posteriores a su fallecimiento. Como un guión cinematográfico, donde contiene la relación de los acontecimientos y todas las descripciones de las ceremonias y pompas hasta su entierro en la capilla de San Jorge, en el castillo de Windsor. Un guión dividido en secuencias, con todas las acciones, personajes y discursos, con todos los detalles necesarios para llevar a cabo la obra al soporte requerido: la televisión. La mitad del planeta seguirá el funeral de Isabel II por televisión: 4.100 millones de telespectadores, más que la audiencia de unos Juegos Olímpicos. Mientras físicamente en la calle se han agolpado miles de personas para ver el ataúd de la reina antes del funeral de estado, haciendo colas interminables.

Todos los seres del mundo compartimos un día final. La muerte, marca nuestro camino desde que nacemos, pero algunos temen más que al último adiós, las huellas del olvido. La reina Isabel II ha querido que todo el mundo se acuerde de su reinado y de su muerte. Más de 500 jefes de Estados, presidentes, primeros ministros y miembros de las familias reales de todo el mundo, alrededor de 2000 personas invitadas a su entierro. Donde la pompa y el boato la pagarán los ciudadanos británicos con su bolsillo. El espectáculo de la monarquía vende y crea más adeptos, pero también rechazos. No se sabe el importe y quizás no se sepa nunca, a pesar de la transparencia de la corona británica.

Vivimos un momento histórico, que inquieta al Reino Unido, Europa, E.E.U.U y resto del mundo, por el mal momento económico, la inflación, la subida de la energía, la guerra de Ucrania… Pero, nada ha impedido los diez días de ceremonias, viajes reales y el entierro de la reina Isabel II. Se lo dijo un ciudadano de Gales, en el viaje del Rey Carlos III: “Mientras luchamos por calentar nuestros hogares, tenemos que pagar su desfile. El contribuyente paga por ti ¿y para qué?”

Sin olvidar también, el efecto en la contaminación en Londres de los aviones privados, aunque fue recomendado por el Gobierno de Reino Unido que los líderes internacionales no viajaran en aviones privados y que llegarán a la abadía de Westminster en autobús. Cosa que no se ha cumplido, no sabemos si por seguridad, por espectáculo o simplemente porque a los mandatarios del mundo les importa muy poco la ecología. «God Save the Queen» Dios Salve a la Reina, ninguna película, ni serie, podrá superar a la realidad…

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