El futuro actual de la política española, no se decide en el Congreso de los Diputados, ni en las urnas. Lo decide la imparcialidad judicial. La España futbolística y la judicial-política tienen dos citas diferentes, a la misma hora. A las seis de la tarde, donde Begoña Gómez se enfrenta a la audiencia previa con el juez Peinado, en la que decidirá si la manda a juicio por cuatro delitos con jurado popular.
Estamos en ese impasse de la política española que parece estar todo en manos del Poder Judicial y de sus decisiones. Sentencias judiciales como las de Begoña Gómez, Rodríguez Zapatero, Ábalos, Koldo, Santos Cerdán, Leire Díez o David Sánchez. Decidirán el devenir de los fines políticos de este país. Donde además existe un problema de politización de la justicia y el cuestionamiento social de la independencia, la integridad y credibilidad de la Justicia.
La imparcialidad es una de las virtudes esenciales de la justicia y la imparcialidad de cualquier juez debe presumirse hasta que no se demuestre lo contrario. Aunque la existencia de lawfare, es decir, el uso de mecanismos judiciales con fines políticos, existe. Aparte de la dificultad de dictar una sentencia únicamente por la fuerza de los argumentos y de las pruebas en el proceso. Los jueces son personas que pueden estar influidos por prejuicios ideológicos, odios, contaminación mediática o posiciones previas.
Todo juez o magistrado salvo prueba en contrario, tiene una imparcialidad subjetiva. Su capacidad de decisión, con base en los argumentos y las evidencias del proceso. Nunca debiera ser condicionado por su posición previa. Aunque quizás es mucho suponer y esto nos sirve para criticar al poder judicial. Porque se puede y se debe criticar al poder Judicial, lo mismo que se puede, se debe y se critican al Ejecutivo y al Legislativo.
Un juez puede caer en el vicio de la parcialidad, es decir que las normas que regulan su actuación tengan prejuicios en la búsqueda de la verdad. La imparcialidad judicial es una de las condiciones básicas de un Estado para garantizar los derechos en las democracias constitucionales. La imparcialidad se presenta como una fórmula casi mágica, donde no se deje absorber por todos los factores e intereses involucrados. Desde el poder de las cúpulas judiciales, la influencia de los medios de comunicación y la presión desde la política.
La imparcialidad judicial es muy complicado mantenerla al margen de las tensiones. Donde el juez es sujeto
de la influencia de los conflictos e intereses que definen el orden social. Donde la argumentación parte de las ideas, las creencias o la ideología contenidas en la libertad de expresión del juez, que se manifiestan en forma inevitable. No solo por las pruebas y las leyes. Donde los jueces están expuestos tanto al pluralismo moral de la sociedad como a sus propias convicciones.
El enfoque interpretativo de la justicia en las decisiones judiciales, no tiene nada que ver con la figura de la diosa Temis, que suele ser representada con una balanza en la mano izquierda, que representa equilibrio en un lado, por la acción realizada a juzgar y en el otro la acción a implementar para restaurar el equilibrio o igualdad de la ley. Con lawfare o sin él, lo que es triste es que la justicia, aunque se respete. Determine los fines políticos, que hemos decidido democráticamente la ciudadanía y que su independencia judicial sea cuestionada.
