El pacto es la acción y efecto de pactar, es el acuerdo firme entre dos ó varias partes. Pactar en política es esencial para construir mayorías cuando ningún partido gana la mayoría, para lograr la gobernabilidad, fomentar el diálogo y evitar la parálisis institucional. Pactar permite la moderación, el evitar las posturas extremas. Un pacto por la emergencia climática, supone entendimiento, llegar a un acuerdo mutuo. Buscar el equilibrio y el beneficio común.
El pacto se utiliza en la vida cotidiana, en herencias, en divorcios, en cualquier conflicto para evitar el litigio. Incluso antiguamente existía el pacto o acuerdo entre caballeros, que se hacía sin papeles. Donde estrecharse las manos firmaba el acuerdo. En política hay dos tipos de pactos, los que se realizan por intereses puramente de estrategia política para poder gobernar. Y, los pactos o acuerdos de Estado que se realizan por un bien común.
En España siempre recordamos aquellos Pactos de la Moncloa de 1977, en la que se sumaron todos los grupos parlamentarios sin excepción. Todo estaba por construir y eran tiempos de acuerdos casi obligados. Sin embargo los pactos no han funcionado demasiado a lo largo de nuestra historia democrática. En 1981 llegaron los primeros Acuerdos Autonómicos, que dibujaron lo que la Constitución había bautizado como Estado de las Autonomías. Once años después, se firmó unos nuevos Acuerdos Autonómicos que ampliaban las competencias de las comunidades.
En 1995, el Pacto de Toledo, para asegurar la sostenibilidad financiera y el futuro del sistema público de pensiones de la Seguridad Social. En el año 2000, un acuerdo sobre política terrorista. El Pacto Antiyihadista (2015), el Pacto de Estado contra la violencia machista (2017). Incluso acuerdos como la abdicación de Juan Carlos I en su hijo, en 2014. El conflicto catalán y la aplicación del 155 de la Constitución, en octubre de 2017. Pero, siempre ha costado el hecho de pactar.
Incluso los pactos que se han realizado por intereses puramente de estrategia política para poder gobernar, han sido muy criticados. Donde tanto el PSOE, como el PP negoció con Convergència i Unió (CiU) y el Partido Nacionalista Vasco (PNV). Ahora, últimamente pactos de investidura del PSOE para lograr el Gobierno de coalición o los pactos de la vergüenza entre PP y Vox a nivel autonómico y municipal.
En este momento de grandes incendios, es necesario insistir en un pacto de Estado contra la emergencia climática, para lograr una mayor coordinación entre administraciones, elevar el número de efectivos en la lucha con el fuego y más rapidez en las ayudas. Algo sencillo de entender y además prioritario. Pero, no hay acuerdo. Como pasa en muchos temas trascendentes, como puede ser la educación en un pacto de Estado. Ninguna de las leyes educativas ha contado con el respaldo de los dos grandes partidos. Cada partido de Gobierno ha ido cambiando las leyes educativas en más de 50 años de democracia.
En política se olvida el bien común. Estamos hablando de ser capaces de coordinar la mitigación en los fenómenos meteorológicos extremos y en la extinción de incendios. Todos los españoles hemos tenido experiencias en grandes tormentas, DANA, nevadas, terremoto, erupciones volcánicas o incendios forestales. Pero, parece que buscamos excusas para la confrontación y no soluciones para las catástrofes medioambientales.
La extrema derecha niega de manera sistemática el consenso científico sobre el cambio climático, oponiéndose a las leyes de transición ecológica y restando importancia a la gravedad de los fenómenos meteorológicos extremos. Los pactos de la vergüenza entre PP y Vox, impide que se llegue a un Pacto de Estado. donde el llamado Pacto Verde Europeo se ha convertido en el caballo de batalla de la guerra cultural del negacionismo climático. El escepticismo climático de las derechas y sus consecuencias seguirá mientras la ciudadanía siga votando en contra del futuro de nuestros hijos.
