No hay justicia sin castigo a la corrupción. En España parece que todos tenemos asumido que la corrupción es difícil de erradicar. Los casos de corrupción no resultan ocasionales, incluso podríamos afirmar que son sistémicos y salpican a todos los partidos, independientemente de su ideología. El origen de la corrupción está en la debilidad moral y ética de las personas, pero también en el sistema, en la falta de control y de transparencia. Por supuesto, no todos somos corruptos, pero la vigilancia evitará que se pueda delinquir con facilidad. Por eso la política debe comprometerse con la rendición integra de cuentas. Y, cuando todo falla, queda la justicia para que no haya impunidad y se falle la culpabilidad de los corruptos y corruptas.

En el franquismo, la corrupción era el régimen, pero en la democracia no podemos conformarnos con la corrupción. La corrupción no se debe tolerar, ni aceptar que las urnas indultan a los corruptos. Aunque demasiadas veces los escándalos de corrupción no tienen un efecto sobre el voto, y aunque pueda haber un descenso del apoyo electoral al candidato, no supone su derrota.

En una dura sentencia hecha pública este jueves, que comenzó el juez Baltasar Garzón en agosto de 2008, la Audiencia Nacional declara probada la existencia de una trama de corrupción vinculada al PP, se declara acreditada la caja B del PP negada por el presidente del Gobierno Mariano Rajoy, durante su comparecencia como testigo en el juicio del pasado 26 de julio: «Jamás oí hablar de financiación irregular».  En la sentencia se habla de adjudicaciones públicas, de apoderamiento directo de fondos de las administraciones municipales y autonómicas, de soborno a autoridades y funcionarios, de una contabilidad opaca nutrida con pagos realizados por empresarios favorecidos por adjudicaciones de obras y contratos en Administraciones públicas gobernadas por el PP… En definitiva, de enriquecimiento personal de cargos del Partido Popular. Cuyo epicentro en la trama Gürtel era el empresario Francisco Correa y el extesorero Luis Bárcenas.

Si hasta el propio Partido Popular es condenado como partícipe a título lucrativo a indemnizar a los Ayuntamientos de Majadahonda y Pozuelo, si se ha demostrado el amaño de contratos, las comisiones ilegales de empresarios, la existencia de una caja B en el Partido Popular… La justicia ha tardado demasiado, pero la sentencia obliga a una reacción política. ¿Qué hace falta más, para que Mariano Rajoy asuma su responsabilidad política y dimita? La corrupción no se puede tolerar, no se puede esperar más. No es cuestión de idealismo, que también. Es el momento de poner fin al cinismo y dejar de disculpar determinados comportamientos porque han pasado muchos años. Dimita señor Rajoy y después decidiremos a que partido escogemos…

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