corrupción políticaLa corrupción política ya viene definida por el Código Penal, aunque no existe un “delito de corrupción” propiamente dicho, al menos en el sentido coloquial que habitualmente se emplea, ya que dicho delito no está tipificado por la ley. Podemos hablar de prevaricación, de violación de secretos, de tráfico de influencias, de cohecho, de malversación, de fraude, de abusos en el ejercicio de una función, de financiación ilegal de los partidos políticos… Demasiados matices para la corrupción. Pero, corrupción solo hay una, la que tiene que ver con la apropiación ilegal de recursos pero también sobre el incumplimiento de normas en beneficio propio o colectivo.

En el punto uno del pacto anticorrupción firmado entre el PP y Ciudadanos para abrir las negociaciones para la investidura de Rajoy decía textualmente: “Separación inmediata de cualquier cargo público que haya sido imputado formalmente por delitos de corrupción política hasta la resolución completa del procedimiento judicial”. Ciudadanos ha bajado el listón en sus exigencias contra la corrupción, restringiendo esa definición a quienes se hayan enriquecido personalmente de manera ilícita o, mediante determinadas prácticas.

Ahora, diferencian la corrupción entre los que hacen una «mala praxis» en la gestión y en los que hay enriquecimiento personal ilícito o financiación irregular. Es decir, si un cargo público comete fraude fiscal no es corrupción, es mala práxis, si hay prevaricación, lo ha hecho mal pero tampoco es corrupción.

La corrupción corroe, no sólo al PP, a CiU, al PSOE, a los sindicatos y a la patronal, recorre el país de extremo a extremo, y amenaza al propio sistema democrático. Los partidos políticos buscan una componenda para tapar las vergüenzas de unos y otros, pero no hay un interés cierto de buscar soluciones definitivas. La corrupción siempre existirá, como existe el mal.

Hay soluciones que se deben tomar con urgencia: la más importante es la educación, educar en la honradez, fomentando la sensibilidad hacia la defraudación y la corrupción, tomando conciencia de todos los daños que ocasionan y de la importancia de eliminar estas prácticas. Después la transparencia, leyes exigentes y que se cumplan, códigos de conducta, una justicia rápida y eficiente y mucho control social. por parte de los medios de comunicación o de organismos específicos.

El principal instrumento que tenemos los ciudadanos, para combatir la corrupción política es, el voto. aunque el castigo a la corrupción en las urnas es muy limitado y los partidos políticos lo saben. Por dicho motivo hemos de ser conscientes que nuestra vida democrática no solo consiste en votar y en ir a manifestaciones. Ni en pensar que todos los políticos son corruptos. Eso no es suficiente, los ciudadanos debemos desarrollarnos  más en la sociedad civil, participar e impulsar plataformas en defensa del interés público, promoviendo la prevención, promoción de las reformas necesarias, concienciación y control de los posibles actos ilícitos por parte de los representantes públicos. Nuestro voto y nuestro control es imprescindible para poner limites a la corrupción.

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