Donald Trump candidato republicano a la presidencia a los Estados Unidos dijo en un acto de campaña el 24 de enero en Iowa: «Tengo a la gente más leal, ¿Alguna vez habéis visto algo así? Podría pararme en mitad de la Quinta Avenida y disparar a gente y no perdería votantes». No quiero hablar de los candidatos Hillary Clinton y Donald Trump, como candidatos a la presidencia de Estados Unidos, porque desconozco la política estadounidense y parece que la decisión está entre lo malo y lo menos malo. Quiero comentar la frase de Trump: » Podría pararme en mitad de la Quinta Avenida y disparar a gente y no perdería votantes» y la similitud con la política española con la corrupción y la lealtad de los votantes.

Hay ciudadanos que cuando van a votar, tienen fidelidad de voto, seguirán votanto al mismo partido independientemente de lo que digan en su programa, de su líder, de su financiación o de su posible corrupción. No les importa los casos de corrupción que hay en los juzgados y que nos machacan en los medios de comunicación: Gürtel y Operación Púnica en la Comunidad de Madrid; Palma Arena en Baleares; el Caso Imelsa, Operación Taula, Caso Blasco, Caso Brugal, Caso Fabra… en la Comunidad Valenciana; el Caso Baltar o Pokemon en Galicía; la Contabilidad B o Papeles de Bárcenas…   De los EREs irregulares del gobierno andaluz a la presunta financiación ilegal de Convergencia i Unió, pasando por múltiples escándalos de corrupción a nivel municipal; abusos de poder y enriquecimiento ilícito por parte de nuestros políticos, que se extiende por toda España y todos los partidos políticos.

La corrupción no importa, igual que no importaría según Donald Trump que él disparara a gente y no perdiera votantes. El triunfo en las elecciones depende de la lealtad de los votantes, por eso el PP lo tiene más fácil que los demás, aún perdiendo más de tres millones y medio de votos en 2.015 respecto al 2.011; sus votantes permanecen fieles al PP, se abstienen en menor medida y los infieles son casi una excepción, aún existiendo la opción de Ciudadanos. El PSOE tiene menos fidelidad, más abstención y fugas a todos los partidos, tanto PP y Ciudadanos, como a Podemos. Ciudadanos apenas tiene fidelidad, aunque ha ganado votos de los que se abstienen. Y Podemos perdió en torno a un millón de votos menos de los que lograron en 2015, por separado, Podemos y Unidad Popular, lo cual significa que muchos decidieron quedarse en casa y no acudir a votar. A Mariano Rajoy no le importa unas terceras elecciones, porque sabe que las ganará.

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