La corrupción no se castiga en las urnas. Los ciudadanos exculpan la corrupción a sus políticos en las elecciones, por la creencia popular de que todos son corruptos y los del otro partido aún más. Este cinismo político conlleva a una generalización de la sospecha sobre todos los cargos públicos, aplicando una presunción de culpabilidad y al final disculpando a «los míos».

Cuando se va a votar, es posible que ninguna de las papeletas nos represente del todo, pero es cuestión de prioridades: castigar la corrupción y votar a otros partidos o confiar en los que están, no cambiar. Casi siempre no se castiga la corrupción en las urnas. Los votantes han decidido con su voto confiar en el PP, no castigar la corrupción, no sabemos si por miedo, por conformidad o por ideología. En el 20-D la corrupción afectó al PP, pero ahora el miedo a que otros pudieran ganar, les ha hecho crecer más de 600.000 votos.

Existen otras opciones en las urnas, como el voto en blanco: que se interpreta como el de la persona que quiere apoyar a algún partido, pero ninguno de los que se presentan le convence; se suman al total de sufragios y perjudica a los partidos minoritarios ya que, al ser contado como emitido y válido, eleva el total de votos y todos los partidos deberán obtener más votos para conseguir un escaño, es decir, beneficia a los grandes partidos. El voto nulo, se entiende como un voto de protesta, no se considera en el reparto de escaños, ya que, al ser nulos, no se cuentan como válidos. Así pues, el voto nulo tiene el mismo efecto en las elecciones que la abstención. Y, la otra es la abstención, el que decide no participar en el proceso electoral por las razones que sean, al igual que el voto nulo, no influye para los recuentos, es decir, ni beneficia ni favorece a ningún partido. Ni con la abstención ni con el voto nulo castigamos a los corruptos y con el voto en blanco los beneficiamos.

 

Nos estamos acostumbrando a la acumulación de escándalos políticos y económicos, cada día un nuevo caso de corrupción, la lista parece inacabable y solo hay que esperar al siguiente escándalo. Cunde el convencimiento de que todos los partidos y todos los candidatos comparten actuaciones irregulares (y tú más). Los incentivos que tienen los ciudadanos a la hora de depositar su voto prácticamente desaparecen, lo que hace aumentar la abstención y un cierto hastío por la democracia. Pero, los votantes no pueden olvidar que el voto de cada uno  no castigará individualmente la corrupción pero si ayudará a cambiar un partido del poder.

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