Que un bloqueo accidental de un buque de contenedores en el Canal de Suez, una infraestructura básica para el transporte de mercancías por vía marítima y de barcos portacontenedores que une Europa con Oriente Próximo y Asia, tenga repercusiones en todos los mercados, es algo que denota las debilidades de la globalización económica. Según el Informe sobre el Transporte Marítimo 2020 de la la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) más del 90% del comercio mundial se transporta por mar y aproximadamente del 10 %  al 12 % del comercio global pasa por el Canal de Suez. Lo que implica también, una posición estratégica sobre la ruta internacional del transporte marítimo de barriles de petróleo, entre la península arábica y los países occidentales.

Los países desarrollados no tienen reservas suficientes para hacer frente a un bloqueo accidental del Canal de Suez, tanto de petróleo, como de otros componentes que depende la industria y el comercio, lo cual implica suspender temporalmente sus operaciones, registrando tanto las bolsas como las empresas importantes pérdidas, reducciones de personal y desabastecimiento en los mercados. La globalización económica tiene efectos directos en la economía de los países, que pueden ser tanto positivos, como negativos. El libre comercio incrementa la competitividad entre las empresas, apostando por la deslocalización de empresas, políticas de precios agresivos, mano de obra más barata, especialización… Pero, también tiene la gran desventaja de la dependencia, de que al trasladar sus centros de producción a países lejanos en vías de desarrollo, cualquier fallo en la logística de producción o transporte, puede generar un caos. Cuestión que en los primeros meses de la crisis de la Covid-19, ya produjo un desabastecimiento y encarecimiento de muchos productos.

El porta contenedores Ever Given quedó encallado el 23 de marzo y durante seis días ha causado un atasco sin precedentes en una de las rutas comerciales más transitadas del mundo, provocando el bloqueo, el desvío de cientos de navíos por la ruta alternativa alrededor del Cabo de Buena Esperanza, la parálisis de bienes y evitar una interrupción importante en la cadena de suministro. Poniendo también en duda la idoneidad de cargueros de estas dimensiones, con sus 400 metros de eslora, 60 de ancho y más de 20.000 contenedores TEU, que cualquier error, desde condiciones meteorológicas hasta fallo humano, puede suponer un bloqueo del Canal de Suez o el Canal de Panamá con el riesgo de un accidente y una catástrofe ecológica.

La globalización la ha impuesto una política económica neoliberal de los países más poderosos, donde se busca una integración de los mercados de consumo. Donde con la falacia de abrir nuevas oportunidades para todos, buscan la deslocalización de las empresas, que generan tremendas desigualdades, abusos y falta de protección de derechos para los trabajadores. Y, mayores desigualdades, con ricos más ricos y pobres más pobres. Buscando el aumento del consumo incontrolable, que se traduce inevitablemente en degradación ambiental. Su incidencia en los paros obreros, el debilitamiento progresivo de los Estados. Donde desaparecen las fronteras económicas y se acelera la tecnología de las comunicaciones. Pues todo esto, con un bloqueo accidental de un buque, es capaz de bloquear la economía mundial y generar pérdidas millonarias. La globalización es una gran perversidad moral, donde lo que se considera un éxito económico, ocasiona más pobreza, más desigualdad, más unificación cultural, más colonialismo y más pérdida de derechos y libertades para muchos trabajadores y trabajadoras.

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