Existe una discriminación diferente hacia las personas refugiadas, no es lo mismo que el color de la cara sea blanco o negro. La pigmentación de la piel refleja racismo. Y, también es diferente el trato a un refugiado cristiano ortodoxo que a uno que profesa la religión islámica. Cada día hay personas que deben tomar la decisión más difícil de su vida: salir de sus hogares y buscar refugio en un tercer país. Las razones por las cuales las personas migran o huyen son diversas y a menudo complejas: para mejorar su situación económica, para escapar de abusos contra los derechos humanos o de la guerra. A finales de 2020, según ACNUR, debido a persecución, conflictos, violencia o violaciones de los derechos humanos supera los 84 millones en el primer semestre de 2021, en definitiva personas que están desplazadas por la fuerza, en contra de su voluntad.

Detrás de cada persona hay un motivo para dejar su hogar, una historia de desplazamiento, desarraigo, sufrimiento que se añaden a otras amenazas a la llegada al país de acogida, en forma de racismo, xenofobia y discriminación. A la condición de personas refugiadas se añade que una parte muy importante son mujeres, niños y niñas. Desde la mañana del 24 de febrero, en que Vladimir Putin ordenara una «operación militar especial» para «desmilitarizar y desnazificar Ucrania» y el ejército ruso comenzó a invadir Ucrania, se han desplazado más de un millón y medio de personas, según las últimas cifras de la oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUR).

Es el flujo más rápido de refugiados, después de la Segunda Guerra Mundial, contando que en la guerra de los Balcanes, en Bosnia y en Kosovo, que enfrentó a diferentes etnias y religiones en el este de Europa, provocando un flujo de refugiados, entre dos y tres millones, en un periodo de ocho años. Sin olvidar, más de 11 millones de refugiados que proceden de Siria, Afganistán, Sudán del Sur e Irak, que han sido discriminados por Europa por su pigmentación de piel y su religión. Siete años después de la gran crisis migratoria en Europa, el número de refugiados sirios residentes en países europeos sigue siendo «limitado», pese a las promesas de acogida hechas por muchos miembros de la Unión Europea (UE).

Europa hace una discriminación olvidada y diferente, sean ucranianos o sirios, afganos, sudaneses e iraquíes. Ucrania está en guerra y la solidaridad europea ha abierto las puertas a los refugiados ucranianos. Pero, eso no sucedió con los demás. Si hablamos de España, de las solicitudes de asilo presentadas en 2020, solo el 5% fueron favorables, contrastando con la media europea del 33%. Mientras unos refugiados tienen la dificultad de llegar a Europa y de emprender su proceso de regularización, la Comisión Europea ha propuesto formalmente activar la Directiva de Protección Temporal, un mecanismo legal de la UE que otorgaría un estatus de protección durante un año. La solidaridad no puede tener discriminación, ni racismo, porque entonces creamos diferencias e injusticias.

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *