No estamos en guerra, estamos en una crisis sanitaria por culpa de un virus. La tentación de hacer un discurso belicista por un virus, es una falta de respeto con los países que están o han estado en guerra, con todos los miles de muertos, heridos, desaparecidos y refugiados que hay en una contienda. La Guerra es el enfrentamiento organizado de grupos humanos armados, existen diferentes motivos o razones para comenzar una guerra, pero todas generan siempre grandes sufrimientos humanos, caos y desastre. Un virus no es un enemigo es una enfermedad infecciosa, no puede ser nunca un pretexto para crear un discurso belicista y patriota contra él. 

El jefe de Estado Mayor de la Defensa (Jemad), el general  Miguel Ángel Villarroya, en la rueda de prensa para comunicar las novedades sobre la epidemia de coronavirus en España, ha felicitado a los españoles por la “disciplina” que están mostrando desde que se decretó el confinamiento. El Jemad, ya cayó en la tentación de aconsejar a los ciudadanos seguir los principios del ejército, en cuanto a la disciplina y ha empleado en otras comparecencias frases como:  «es una guerra de todos los españoles» y que, por tanto, «todos estamos involucrados», incluidas las Fuerzas Armadas. «Sí, hoy es viernes en el calendario, pero en estos tiempos de guerra o crisis, todos los días son lunes. El esfuerzo no cesa por el día del calendario» Parece como si el lenguaje belicista buscara reclamar más unidad, patriotismo y sacrificios. 

Yo no entro en la conveniencia o no, de que el ejército se convierta en una especie de ONG, que con su presencia militar y con sus efectivos, realicen labores de desinfección y ayuda en general, en este intento de detener esta pandemia. En definitiva, les pagamos con nuestros impuestos y está bien que colaboren en un problema de toda la sociedad. Pero, sin olvidar que una cosa es la labor social y humanitaria del ejército y otra cosa muy diferente es querer mezclarlo con lucha belicista, metáforas bélicas y querer emplear una terminología épica y patriota, cuando solo es una crisis sanitaria y social.

El confinamiento es una cuestión de responsabilidad y además de una obligación regulada por un Decreto Ley, hemos de mantener unas normas de higiene y distancia social. Muchas personas enfermaran, algunas por desgracia morirán, muchos españoles y españolas quizás perderán sus sueldos y quizás sus empleos, Después sufriremos probablemente una gran crisis económica. Pero, esto no es una guerra, ni hace falta caer en la tentación de hacernos arengas militares para mantener la moral alta.    

Un comentario sobre “La tentación del discurso belicista.”

  1. El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, ha comparecido este domingo, en otra reunión telemática, donde lo más destacado ha sido un discurso deliberadamente belicista. Puedo llegar a entender que un general utilice un lenguaje bélico, pero no entiendo que un Jefe de Gobierno tenga que utilizar de principio a fin de la comparecencia, unos mensajes tan simplistas, bélicos y negativos como: «guerra», «enemigo», «campo de batalla», «deponer las armas», «posguerra»…

    Estamos hablando de un virus, no es que los franceses o los ingleses nos estén invadiendo y estemos en guerra. No es una guerra de personas armadas con intereses violentos, es una pandemia que no podemos confundir con una guerra. No basta con un discurso épico y belicista para hacernos olvidar todos los errores que se cometen cuando se toman decisiones.

    El enemigo no es el Covid-19, el enemigo lo hemos tenido en casa, por esa falta de medios humanos y materiales, provocado por considerar la salud pública como un gasto y no como una inversión. Parece que hemos caído en un falso victimismo, en el cual queremos comparar esta crisis sanitaria a lo que realmente es una guerra de verdad.

    No estamos en guerra, es una falta de respeto a todas esas personas que sufren el horror y la muerte, que carecen de lo más elemental en una guerra de verdad. Es ver una realidad egoísta en la que nos preocupa el coronavirus, pero somos incapaces de sentir ninguna empatía a los que mueren de enfermedades olvidadas, para las que los laboratorios farmacéuticos ni se plantean hacer una vacuna. Los que mueren de hambre o tienen que huir de sus países para acabar en un campo de refugiados o muriendo.

    En la mal llamada «guerra» contra el coronavirus, no hace falta armas, hace falta inversión en investigación, recursos y ningún recorte. Que nadie nos quiera confundir, ni engañar con una semántica equivocada. Hay que apostar por la ética y el preservar unos servicios públicos de calidad, lo demás es tratarnos como tontos…

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