El confinamiento se convierte en la única vacuna, de momento, contra el coronavirus, un ejercicio de responsabilidad para detener el alcance del virus. El estado de alarma en España se convierte en una petición de responsabilidad y de paciencia a los españoles y españolas, ante la mayor crisis sanitaria y económica. El fundamento ético es reducir el riesgo de transmisión y limitar la amenaza en la población en general. Aunque ello implique discrepancias entre los llamados derechos individuales y los derechos colectivos de la población a fin de permitir al Estado adoptar medidas frente a una grave amenaza a la salud. 

Sin confinamiento absoluto no habrá contención, aunque conseguirla puede ser cuestión de mucho tiempo y a lo mejor no se conseguirá nunca. De momento hasta que no se descubra una vacuna, es la única solución que nos queda, aunque no nos guste quedarnos atrapados en nuestras casas y sin poder disfrutar de todas esas cosas que hacemos en nuestra vida normal. Las medidas deben ser extraordinarias y obligadas, no basta con la responsabilidad de la gente, porque todo el mundo no es responsable, El confinamiento ayudará a que no crezca el contagio, antes de que lleguemos al pico de saturación de los hospitales y de los canales de distribución de alimentos. 

Estamos en un momento de desafío mundial, en que tenemos la posibilidad de contagiarnos todos, pero todos los países han reaccionado tarde y no han aprendido de la experiencia ajena. Ni Italia aprendió de China, ni España ha aprendido de Italia. Mientras que Francia y Reino Unido aún no han tomado medidas para un confinamiento en sus países. Es la primera gran crisis sanitaria de la globalización pero ha faltado la unidad de todos los países, el ejemplo más notorio es que Bruselas y los gobiernos de la Unión Europea se hayan unido para minimizar el contagio, ni para adoptar medidas económicas para paliar esta crisis. 

No podemos caer en el alarmismo, ni sucumbir al miedo, ni hacer predicciones apocalípticas, pero estamos en una situación de alarma global, en que necesitamos medidas mundiales, no basta con unas medidas particulares en unos países y en otros no. No es suficiente con el confinamiento, a lo mejor es necesario cerrar fronteras, tener mucho sentido común, paciencia, disciplina y el seguimiento estricto de las pautas sanitarias. La importancia de contener el coronavirus en China, se despreció por parte del resto del mundo, buscando explicaciones dictatoriales, conspirativas e ideológicas, pero nos ha quedado como única solución, ante la imposibilidad de momento de conseguir una vacuna que acabe con esta pandemia. 

Un comentario sobre “El confinamiento como única vacuna.”

  1. La ciencia y la política rara vez se ponen de acuerdo, igual que la comunidad internacional tampoco se une para tomar unas medidas comunes. Ningún país se lo ha tomado suficientemente en serio, el peligro no se ha visto o no se ha querido ver. Pero, a la mayoría de países les ha cogido sin una respuesta, sin recursos humanos ni materiales.

    Cuando en Italia y ahora en España se apuesta por el confinamiento, en Reino Unido la idea de los asesores de Boris Johnson es “gestionar el contagio” de la enfermedad, basada en la inmunidad de rebaño, también conocida como inmunidad colectiva. Es decir, es llegar al momento en que haya tantos individuos que ya han superado la infección, que actúen como cortafuegos impidiendo que el virus alcance a los que no están protegidos.

    El problema está en que, no enferme todo el mundo a la vez y se colapsen los sistemas sanitarios, el tiempo nos dará o nos quitará la razón de los resultados de cada sistema, hasta que se encuentre un antiviral o vacuna. La ciencia necesita ayudas económicas para investigación, pero no tiene varitas mágicas instantáneas. Los responsables de que la ciencia no tengan los medios, son los políticos.

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