No es que me cuestione a estas alturas de mi vida, el votar. Votar es un derecho, una responsabilidad irrenunciable y su decisión no se reduce al día de los comicios, sino que abarca hasta las nuevas elecciones. Los que hemos vivido en una dictadura, sabemos de su importancia, pero a veces te planteas la irrelevancia y la poca influencia que significa nuestro voto. Aunque todos los votos son importantes y cada uno de ellos puede hacer la diferencia en una elección y aunque parezca mínimo, muestra una tendencia y una opinión de lo que quiere la sociedad. En definitiva, la democracia representativa es en la que el pueblo ejerce su soberanía a través de los órganos representativos elegidos por votación.  

La democracia es mucho más que el ejercicio de votar, pero nuestro voto es  la pieza clave de nuestro sistema democrático, cuando hemos votado, se produce el recuento y aceptamos los resultados. Votar es una de las formas de participación democrática y la influencia de nuestro voto es la que nos permitirá elegir a nuestros representantes para delegar en ellos la mejora de la sociedad. Pero, cuando comprobamos que nuestros políticos no son capaces de ponerse de acuerdo para formar un gobierno, te planteas la irrelevancia de votar y la pregunta ¿para qué sirve votar?

El golpe militar de 1936 y la posterior dictadura franquista, destruyó no solo la democracia sino el modelo del Estado. Quedó una sociedad producto de los acontecimientos históricos vividos, marcados por la represión y la sumisión ante una dictadura de cuarenta años. Con la Transición española se recuperó el derecho de voto a los partidos políticos y la reanudación de la democracia. Todos nos convertimos en partícipes de escoger nuestro presente y nuestro futuro gracias a poder votar y escoger según nuestras preferencias.

Quizás hemos comprobado que nuestra elección, que nuestro voto fue equivocado o que nuestra opción no fue la más votada, hemos aceptado que ningún partido hace todo lo que nos dice e incluso que algunos nos mienten. Hemos tenido gobiernos de izquierdas y conservadores, hemos conocido la mayoría absoluta y el gobernar con el voto de otros partidos. Hemos aprendido de nuevo todos los beneficios de la democracia y también todos sus fallos.

Nos han convencido de la importancia de nuestro voto, nos hemos sentido responsables con la democracia y no hemos caído en la abstención. Hemos llegado a creernos la influencia de nuestro voto en los resultados finales y al final comprobamos la irrelevancia que ha significado votar. Porque nuestro voto no ha servido para nada, para que los políticos no se pongan de acuerdo y no vuelvan hacer votar de nuevo. Parece que solo somos unos tontos útiles para depositar nuestros votos, pero no para que los políticos nos hagan caso de lo que hemos votado. Nuestro voto es nuestra elección, nuestra decisión ¿por qué no lo entienden? 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *