La diferencia entre un gasto y una inversión, es que tanto en el uno como en el otro, el dinero sale de la caja. Pero, mientras en el gasto el capital no se recupera, en la inversión se espera que dicha cantidad sea devuelta e incrementada reportando un beneficio. Es el caso de la iluminación navideña de las grandes ciudades, con sus escaparates de verde, rojo y dorado llenos de ofertas de todos tipos. Las luces son una inversión para llamar la atención, crear un artificial ambiente navideño, que ayude a aumentar el número de visitantes y por supuesto la cifra de ventas. No importa el gasto de luz, el alquiler de instalaciones ni por supuesto el derroche energético, el impacto ambiental con la contaminación lumínica y la factura medioambiental en forma de cambio climático. Nada de eso importa, el encendido de las luces navideñas se han convertido en un evento en ciudades como Nueva York, París, Sydney, Moscú, Madrid o Vigo.

Incluso se ha convertido en una rivalidad absurda, como es el caso de Madrid y Vigo, que sus alcaldes José Luis Martínez-Almeida y Abel Caballero, han querido competir en la fecha de encendido, el gasto y todo una serie de dispendios en luces, decoración, árboles, bolas gigantes, belenes, música navideña y demás atracciones para niños y grandes. La Navidad ha llegado a Madrid y a Vigo. Este año en Madrid el alumbrado navideño tiene un coste total de más de tres millones de euros, 600.000 euros más que el pasado año y en Vigo un coste de 1,6 millones de euros, en una ciudad de menos de 300.000 habitantes.

Nos estamos volviendo locos, las Navidad es un auténtico derroche, es la celebración del consumismo: gastamos, comemos y bebemos sin medida, regalamos por impulso influidos por estrategias de marketing más o menos sutiles. La Navidad se convierte en las campaña de publicidad que apela continuamente a nuestras emociones para aumentar el consumo más y las luces navideñas se convierten en una parte de esa promoción. 

El objetivo es recurrir a estímulos, a mensajes que tocan la fibra sensible del consumidor para que el objetivo sea consumir cuanto más mejor, desde la costumbre americana del Black Friday que inaugura la temporada de compras navideñas con significativas rebajas en muchas tiendas minoristas, grandes almacenes y tiendas online, pasando por los regalos que ni siquiera hacen falta de la Navidad, de Año Nuevo, de Reyes… Nos inventamos el «amigo imaginario» para regalar tonterías a alguien que muchas veces ignoramos durante todo el año. 

La esencia cristiana de la Navidad, se ha olvidado. Muy pocos, se acuerdan que es la celebración del nacimiento del hijo de Dios, que compartió la vida en la tierra en la pobreza, naciendo en un pesebre, rodeado de animales y que vino para dar el amor hacia los demás. Sin embargo sólo se piensa en las compras, en las fiestas y en las vacaciones. Se ha olvidado la solidaridad con los demás: los que no tienen trabajo, no tienen casa, no tienen recursos y se les niega porque no hay dinero para ayudarles. Pero, sin embargo, lo gastamos en cosas innecesarias, por el simple hecho de consumir por consumir, donde el gasto no importa y la inversión en solidaridad no existe… 

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