Los refugiados son personas que huyen del conflicto y la persecución, se está demostrando que hay una doble moral a la hora del acogimiento de dichos refugiados. La solidaridad de las personas y de los países, es diferente con los refugiados que huían de la guerra de Siria, que con los refugiados que huyen de Ucrania. Por lo visto debe ser diferente el dolor, el temor, el agotamiento, el trauma, sus pérdidas, de un refugiado sirio o de un ucraniano. Ambos huyen de sus países, de las bombas, de la violencia, de la destrucción de sus hogares, de sus vidas, de la pérdida de todo y también de sus sueños. La única diferencia es su procedencia, su color de piel y religión. Me atrevería a decir, que parece que unas vidas valen más que otras o por lo menos eso parece.

El acogimiento de refugiados es un acto de justicia y de solidaridad para todos y todas, para acceder al derecho de asilo. Los medios de comunicación y las redes sociales se encargan de transmitir la guerra como un espectáculo, confundiendo la información con las anécdotas humanas. Todo vale para llenar espacios informativos y generar dividendos con la publicidad que se intercala. La solidaridad de los particulares a través de redes sociales y de las ONG, se adelantan siempre al compromiso político de los países para conseguir una cooperación internacional, como respuesta colectiva a la situación de millones de personas que huyen de su país y cubrir las necesidades más perentorias de los que se quedan. Los refugiados deben ser ayudados, por justicia y por sentido común, pero no es la solución que una persona particular vaya a recoger en su automóvil a los refugiados ucranianos para traerlos a España, por muy buena intención que tenga. Las cosas tienen que hacerse de otra manera, son las administraciones de los diferentes Estados los que deben actuar en la emergencia, porque alojar a los refugiados en casas particulares es insostenible en el tiempo.

Un refugiado es una persona que necesita derechos en su país de acogida, desde derecho a la sanidad, a la educación, a la vivienda, al trabajo… No es solo activar una solidaridad particular de acogimiento, que surge en la emergencia. Es que los Estados proporcionen sus sistemas de asilo. Cuando la solidaridad está únicamente en manos de voluntarios, se puede incurrir en el peligro de traer personas y dejarlas abandonadas. Los medios de comunicación se equivocan, desde mi punto de vista, cuando se amplifica el sentido de las caravanas de particulares que van a recoger refugiados ucranianos para traerlos a España. La solidaridad debe ser de los Estados y de las ONG, dedicadas a la cobertura de necesidades básicas de personas en riesgo.

Cuando una persona ha tenido que elegir entre un ataúd y una maleta y se han visto obligadas a huir de su país, merecen todo nuestro respeto, nuestra solidaridad y sobre todo que los Estados de acogida les proporcionen derechos sociales, económicos y culturales. La colaboración de los particulares, para facilitar la puesta en marcha de sus iniciativas solidarias, debe ser a través de las ONG, convirtiéndose en socios o socias de las organizaciones o haciendo donaciones económicas para se pueda gestionar la solidaridad con los refugiados.

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