No vivimos en una sociedad libre, somos esclavos del neoliberalismo o dicho de otra forma vivimos en una época en que hemos aceptado un sistema económico global, que nos hace inconscientemente esclavos del hedonismo, aunque digamos que somos libres. El capitalismo y el neoliberalismo son lo mismo, pero llamados de diferente forma. No se trata de ideas, ni de partidos políticos, se trata de cómo vivimos y como lo aceptamos todo. La ley básica del neoliberalismo es el libre comercio, para ganar el máximo dinero, a costa de la reducción del coste de la mano de obra, la restricción del gasto público, la globalización y la flexibilización del mercado de trabajo.

La gran utopía neoliberal consiste en crear más diferencias sociales entre ricos y pobres; más pobres tanto en las sociedades económicamente más avanzadas como en las subdesarrolladas; la desaparición de lo público a favor de lo privado; la cultura del individualismo y la lucha de todos contra todos;  orientar las acciones y conductas de la gente al consumismo;  que los ciudadanos tengan mayor dependencia económica de los bancos y financieras, es decir que compren aunque no tengan dinero; eliminación de derechos, condiciones de precariedad. Lo que nos convierte en esclavos del neoliberalismo.

El endeudamiento de nosotros, los particulares, es lo que permite activar la economía, gracias a que propician un mayor nivel de consumo y de inversión. El problema es cuando el endeudamiento no es asumible, es decir, cuando no se puede pagar la deuda. Ese fue el principal motivo de la crisis económica iniciada en 2007,  el endeudamiento del sector privado, especialmente de las familias, los bajos intereses, la falta de supervisión de las autoridades monetarias y la gran competencia de las entidades bancarias para captar clientes. No hemos aprendido nada, los mercados siguen ansiosos de obtener ganancias a corto plazo, ahora quizás un poco más prudentes, pero capaces de imponer su voluntad en nosotros. Pedir un préstamo personal, comprar un piso, unas vacaciones financiadas, la compra de un coche… Nos hace vivir en un mundo capitalista y perfecto, a simple vista, sin analizar más a fondo nuestra situación económica o laboral, nos enseñan que lo importante es ser y tener más que el otro. Después ya veremos si lo podremos pagar.

La realidad del neoliberalismo, del sistema capitalista, es que cada día crece más la brecha entre ricos y pobres, que millones de seres humanos son arrojados a la más absoluta miseria, mientras que un conjunto de grandes empresas y bancos generan más beneficios a costa de nosotros. Los medios  de comunicación, la publicidad contribuyen a crear el ambiente para consolidar el modo de vida neoliberal, donde el consumo de bienes materiales y servicios, es la cultura y  modo de vida de todos nosotros. El neoliberalismo no está en crisis, estamos nosotros. Necesitamos nuevas alternativas, que impidan tener una sociedad justa e igualitaria y que nos convierta en personas libres y no en función de los intereses del capital.

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