Nacionalismo y populismo generan fidelidades inalterables instaladas en el universo de las emociones, presentan sus postulados desde la identificación sentimental, pasando a un segundo plano la naturaleza programática y la posibilidad de que sea factible. Se eliminan los matices y las dudas, se convierten sus ideas en más incondicionales y acríticas. Carles Puigdemont ha demostrado sus recursos, sus capacidades e incluso sus limitaciones; antes como President y ahora como expresident de la Generalitat. Ha desarrollado nuevas competencias y habilidades emocionales y persuasivas que están siendo eficaces para captar la atención de la ciudadanía a través de los medios de comunicación y redes sociales, vendiendo un discurso de nacionalismo y populismo a la vez. 

Desde que la Fiscalía se querellaba contra Carles Puigdemont y todos los miembros de su Govern, la presidenta del Parlament y los miembros de la Mesa, por los presuntos delitos de rebelión, sedición y malversación, el expresident de la Generalitat y cinco de sus consellers se refugiaron en Bruselas y planearon pedir asilo político en Bélgica. Se ordenó por parte de la judicatura una euroorden para la detención de Carles Puigdemont y los exconsellers; el 5 de diciembre el juez retiró dicha orden internacional de detención, que solo sigue vigente en España. Desde dicho momento Puigdemont es un ciudadano libre mientras no pise territorio español, para hacer su retahíla plagada de recetas tan simples como demagógicas.

Tanto el nacionalismo como el populismo, son reactivos, es decir, se generan contra un enemigo. Antes, desde Catalunya, con argumentos como: «España nos roba», «la culpa es de Madrid». Ahora desde Bruselas, Puigdemont arremete contra la Unión Europea diciendo que es un «club de países obsoletos y decadentes», «¿Continuarán ayudando a Rajoy en este golpe de Estado?» y de España afirmando que: «ha dañado la democracia para detener la independencia de Catalunya«. Puigdemont desde Bélgica, está consiguiendo que Catalunya este permanentemente en «prime time» en entrevistas a medios de comunicación, ruedas de prensa, mensajes en redes sociales movilizando a los ciudadanos hacia la construcción nacional y afanándose en mostrar las imperfecciones y deficiencias de la democracia española y europea. Un populismo derechista bajo el paraguas de la independencia, un nacionalismo a manos del populismo, una relación donde ambos se nutren mutuamente para conseguir sus fin, seguir siendo el President de la Generalitat. Dicha circunstancia será vital en los resultados de las elecciones del 21-D donde su principal competidor Oriol Junqueras esta en la prisión de Estremera (Madrid) y no puede hacer campaña electoral.

 

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