Decir «justicia justa» es un pleonasmo. Un uso innecesario o redundante de «justicia«. Porque si es justicia debería ser justa. La virtud que consiste en dar a cada uno lo que le corresponde, implicando rectitud e imparcialidad. Como en el caso de Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno Pedro Sánchez. Que será juzgada por delitos de tráfico de influencias, corrupción en los negocios, malversación de caudales públicos y apropiación indebida.
La acusación particular ha pedido 24 años de cárcel, después de que el juez Peinado diera por cerrada la instrucción en un auto fechado el 11 de abril, en el que propuso juzgarla con jurado popular. No quiero jugar a todólogo, ni mucho menos a un experto en leyes. Simplemente quiero hacer unas reflexiones sobre «justicia justa»: impartida por un juez profesional o por un jurado popular.
Siempre se ha dicho que ante un caso penal, el inocente prefiere siempre a un juez profesional y el culpable, un jurado. Begoña Gómez, siempre ha mantenido su rechazo a ser juzgada por un jurado popular. Lo cual no dice nada, ni de su culpabilidad, ni de su inocencia.
El artículo 125 de la Constitución Española de 1978, establece el derecho de los ciudadanos a participar en la Administración de Justicia. Esto se concreta en dos figuras principales: el ejercicio de la acción popular y el jurado popular. Curiosamente en este juicio, coinciden las dos.
En un juicio con jurado, se aplica lo más justo. Sin embargo, en un juicio de juez, se aplica lo legal. Que no deja ser otro pleonasmo. El jurado popular en España, ha sido utilizado en casos de gran trascendencia pública. Como el caso de Diana Quer, el caso Asunta, el caso Tous, el caso Isabel Carrasco o el del expresidente de la Generalitat Valenciana Francisco Camps.
Donde 9 personas deciden la culpabilidad o inocencia en un caso de gran impacto social, ya antes de la apertura del juicio oral. La «justicia justa» está en manos de un juzgado popular que debe cumplir su misión, hipotéticamente aislado de la presión mediática y social. Donde los prejuicios o la falta de orientación adecuada tengan más peso que las pruebas y los hechos documentados. Sin olvidar que sus miembros no tienen ni idea de leyes.
Después está la otra opción para que la «justicia justa» sea una certeza. Donde un juez profesional y su técnica jurídica, en teoría le inmuniza un poco más ante la presión mediática. Aunque, también podemos poner en duda su independencia y la predictibilidad de algunas resoluciones judiciales.
Estamos en la disyuntiva de un juicio con jurado popular donde se ofrece la oportunidad de una justicia participativa y representativa, pero con la imparcialidad, la falta de conocimientos legales y la influencia externa. Y, por el otro lado la idoneidad de un juicio con un juez profesional, que puede estar politizado.
Una instrucción con pocas pruebas, con muchas noticias interesadas y de parte. Donde el jurado popular tendrá que decidir con todas las consecuencias la presunción de inocencia de Begoña Gómez. Cuando hablamos del pleonasmo «justicia justa», tiene mucha culpa la judicialización de la política que se debería de depurar en el ámbito político y esa cierta politización de la justicia, que nadie puede negar.
Lo importante para creer en una «justicia justa» es que se juzgue a Begoña Gómez por las pruebas aportadas. Por no entrar en la sala con el veredicto redactado y que no influya la simpatía o la antipatía a su marido, el presidente del Gobierno Pedro Sánchez. Hemos de seguir creyendo en la Justicia y en los que la imparten.
