Ceuta es una ciudad autónoma española y multicultural, en la que ahora después de la emergencia humanitaria de estos días, la extrema derecha y fascista llega a dividir, a transmitir odio y a intentar conseguir votos.
Lo que ignora la extrema derecha, es que en Ceuta, hay un sentimiento español, independientemente del nombre y apellidos o la religión que profese cada ciudadano y ciudadana ceutí.
Ceuta es una ciudad de convivencia, aunque también existan diferencias y discrepancias. Conocida como la ciudad de las cuatro culturas en la que cinco comunidades: cristiana, musulmana, hebrea, hindú y atea, les une un territorio español en el norte de África.
A la extrema derecha y a la derecha que apoya la «prioridad nacional», les cuesta entender que en Ceuta y en Melilla, no se cuestione la españolidad por su nombre y apellidos. Por llevar o no llevar las mujeres el hiyab. Tener culturas diferentes o rezar a un dios diferente.
Ceuta ha sido visitada tras la crisis migratoria por Pedro Sánchez el pasado viernes. El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, Santiago Abascal de Vox, Alvise Pérez de Se Acabó La Fiesta. Y, miembros de grupos de extrema derecha y nazis.
Han insultado a Pedro Sánchez, pero también han impedido que la extrema derecha consiguiera sus propósitos: provocar, sembrar el odio y señalar a las personas migrantes como “invasores” y culpables de la crisis.
En Ceuta y Melilla nos llevan casi cinco siglos de experiencia en convivencia con resto de los españoles peninsulares. Para ellos la normalidad es la multiculturalidad y la convivencia.
Para la mayoría de los caballas, las contraseñas de la extrema derecha no las comparten. Se posicionan a sí mismos en el centro ideológico, aunque más cerca del PP. Pero, por supuesto se sienten todos españoles. Y, no son en absoluto fachas.
Para los ceutíes la bandera española y su nacionalidad no es solo un motivo de orgullo, es la negativa a pertenecer a Marruecos. Un país de pobreza, explotación y represión para su ciudadanía.
Un país que favorece un entramado institucional y empresarial que fomenta el desarrollo de un sistema productivo. Idóneo para las empresas que se asientan en Marruecos, incluidas las españolas.
Que recuerda mucho el desarrollismo de la dictadura franquista, una etapa de rápido crecimiento económico e industrial en España. Y, que ahora está intentando el régimen marroquí, olvidando los derechos de su ciudadanía y utilizándolos con sus propósitos soberanistas.
Los caballas han vivido desde siglos en esta idiosincrasia multicultural y de religión en armonia. Quieren vivir sin que nadie les diga que los cristianos son antes que el resto de credos. Porque todos se consideran igual de españoles.
