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La calidad democrática de la extrema derecha.

Para alcanzar un determinado grado de calidad democrática, aparte del proceso electoral, el pluralismo, garantizar derechos y libertades políticas y civiles, está el respeto de las instituciones. La extrema derecha utiliza la vía electoral, para entrar en las instituciones democráticas que encarnan el conjunto de principios, reglas y normas de la democracia. Para destruirlas progresiva y legalmente desde dentro. Rompiendo las normas acordadas sobre la base de sus criterios ideológicos.

Hay ejemplos notorios como el de Donald Trump, después de las elecciones presidenciales estadounidenses del 3 de noviembre de 2020, que no aceptó su derrota. Y, dos meses después, el 6 de enero de 2021, cuando una turba de partidarios de Trump atacó el Capitolio de Washington. En un intento fallido de golpe de Estado para impedir que Biden tomara posesión de su cargo.  Y, también el líder de la ultraderecha brasileña Jair Bolsonaro que alentó el asalto a las sedes del Gobierno, del Parlamento y del Tribunal Supremo en Brasilia en enero de 2023, solo una semana después de la investidura de Lula da Silva como presidente.

El respeto a las instituciones es el pilar central que determina la calidad democrática de un país. Para tener una democracia de calidad es imprescindible que sus instituciones y sus mecanismos permitan que todo funcione correctamente, respetando la libertad y la igualdad de todos los ciudadanos. Las instituciones se deben poder controlar y evaluar, para eso es necesario el pleno respeto de las normas vigentes. Si un político electo por los ciudadanos no respeta esas normas, es lo mismo que afirmar que no respeta la institución. Si un diputado no respeta la autoridad de quien preside la sesión del Congreso de los Diputados o se pone en la boca un puro. Está claro que no tiene ningún respeto.

El portavoz de Vox en la Comisión Constitucional, José María Sánchez García, jurista, abogado, magistrado en excedencia, catedrático de universidad y político español es lo que algunos entienden como una persona de orden. Donde se supone que respeta las normas establecidas y la jerarquía.Pero, sin embargo fue expulsado el 14 de abril del Pleno del Congreso tras ser llamado al orden en tres ocasiones e invadir el espacio de la Presidencia, encarándose con la tercera autoridad del Estado, el vicepresidente primero de la Cámara, Alfonso Rodríguez y Gómez de Celis, que en ese momento presidía la sesión.

Y, hoy martes ha tenido un comportamiento intimidatorio al abandonar el hemiciclo bajando unas escaleras con un puro en la mano y colocándoselo después en la boca. No estaba encendido, no estaba fumando, pero tampoco son las formas que debe guardar un diputado. Si los que nos representan a los ciudadanos, convierten las instituciones en escenarios de provocación y desprecio, perdemos todos.

No son hechos aislados de un diputado de pésima educación, de desprecio a las normas de comportamiento básicas y a su machismo. Es una deriva generalizada en la extrema derecha de Vox y del Partido Popular, donde parece que todo está permitido en el Congreso de los Diputados. Desde llamar al presidente del Gobierno Pedro Sánchez «asesino”, “criminal” , «traidor», «irresponsable» o “mentiroso compulsivo». Olvidando los principios mínimos de la educación, la convivencia y con ello también la falta de respeto a toda la ciudadanía que los hemos elegido.

Si los partidos que aspiran a gobernar como Vox y el Partido Popular, tienen actitudes que colaboran muy poco con la calidad democrática. Nos podemos preguntar qué harán cuando estén gobernando y con su desprecio a las instituciones. Nos hemos acostumbrado al acto de insultar, al acto de agredir verbalmente y que se traslade como normal al resto de la sociedad. Después del «Pedro Sánchez, hijo de puta», puede que la violencia se propague. Y, entonces ya no habrá solución.

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